¿Por qué el petróleo venezolano es clave para Estados Unidos?

Aunque Estados Unidos figura hoy entre los mayores productores de petróleo del mundo, el interés de Washington por el crudo venezolano sigue siendo estratégico. La eventual reactivación a gran escala de la industria petrolera de Venezuela, sin embargo, enfrenta enormes obstáculos técnicos, financieros y políticos que hacen que ese objetivo esté lejos de concretarse en el corto plazo.

A finales de noviembre, Nicolás Maduro —hoy depuesto— aseguró que Venezuela estaba lista para exportar gas natural a Colombia. El anuncio generó incredulidad en amplios sectores, no solo por el deterioro del sistema energético venezolano, sino por las condiciones reales de la infraestructura. Analistas señalaron entonces que el gasoducto binacional requeriría al menos año y medio de trabajos de reparación, en el escenario más optimista.

Ese episodio reflejó con claridad el estado general del sector energético venezolano: un país con las mayores reservas de crudo del planeta, pero con una capacidad productiva muy distante de sus niveles históricos.

Una producción muy lejos de su apogeo

En 1997, Venezuela aportaba cerca del 17 % de la demanda mundial de petróleo. Hoy, su participación ronda apenas el 1 %, de acuerdo con estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).

La producción, que en su mejor momento alcanzó los 3,4 millones de barriles diarios, se sitúa actualmente alrededor de 1,1 millones. El punto más crítico se registró en julio de 2020, cuando el bombeo cayó a cerca de 392.000 barriles diarios, según cifras de la OPEP.

El colapso dejó un panorama marcado por refinerías abandonadas, oleoductos deteriorados, accidentes industriales y severos impactos ambientales en antiguas zonas petroleras. A ello se suman la falta de inversión, la escasez de insumos para procesar crudo extrapesado y el peso de las sanciones internacionales.

Sanciones, China y el cambio en los flujos comerciales

Estados Unidos impuso sanciones a Venezuela desde 2005, pero las restricciones más severas sobre PDVSA y el sector petrolero se profundizaron a partir de 2019. Desde entonces, el destino del crudo venezolano cambió de forma significativa.

China se consolidó como el principal comprador. Para 2023, el gigante asiático absorbía cerca del 69 % de las exportaciones petroleras venezolanas. Parte de esos envíos, según la EIA, se destinan al pago de deudas contraídas con Beijing, que habría otorgado préstamos por cerca de USD 50.000 millones en la última década.

La recuperación parcial de la producción ha contado con apoyo externo, particularmente de Irán —que suministra diluyentes y condensados esenciales— y de Rusia, que ha facilitado mecanismos de transporte y comercialización en medio de las sanciones.

Actualmente, Chevron es la única empresa estadounidense con autorización para operar y comercializar petróleo venezolano, aunque su actividad ha estado sujeta a licencias especiales y a constantes revisiones regulatorias.

El factor clave: el tipo de petróleo

El interés de Estados Unidos por el crudo venezolano no se explica por falta de producción propia. En 2024, el país superó los 20 millones de barriles diarios. Sin embargo, gran parte de ese volumen corresponde a crudo ligero, producto del fracking.

Muchas refinerías estadounidenses —especialmente en Texas y Luisiana— fueron diseñadas para procesar petróleo pesado y extrapesado, como el venezolano. Reconstruir esas plantas para que funcionen con crudo ligero implicaría inversiones millonarias, largos plazos y complejos ajustes técnicos.

Fuera de Venezuela, este tipo de petróleo se encuentra principalmente en Canadá y Rusia, lo que convierte al país sudamericano en una opción geográficamente cercana y estratégicamente atractiva.

El petróleo como herramienta política

Dentro de la visión de Donald Trump para una Venezuela “pos Maduro”, el petróleo ocupa un lugar central. En recientes declaraciones, el mandatario afirmó que compañías estadounidenses invertirían grandes sumas para reconstruir la infraestructura energética venezolana y reactivar la producción.

Más allá del discurso, el crudo aparece como una pieza clave de presión económica y geopolítica. Un eventual redireccionamiento de los flujos petroleros hacia Estados Unidos, en detrimento de China, tendría impactos directos sobre las finanzas públicas venezolanas.

El sector petrolero representa cerca del 80 % de los ingresos por exportaciones del país y es una fuente esencial de recursos para el gasto estatal, según estimaciones del Council on Foreign Relations. Por ello, cualquier cambio en el control o destino del petróleo incidiría de manera directa en la capacidad de maniobra del gobierno provisional, hoy encabezado por Delcy Rodríguez.

En ese contexto, el futuro del petróleo venezolano sigue siendo incierto: abundante bajo tierra, pero atrapado entre sanciones, deterioro estructural y una compleja disputa de poder internacional.

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