La UE responde a EE. UU.: “Europa no es decadente ni ‘woke’”; Rubio insiste en una alianza “revitalizada”

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, rechazó este domingo las declaraciones que, desde sectores políticos en Estados Unidos, describen a Europa como una región “decadente” o “woke”. Sus palabras se dieron al cierre de la Conferencia de Seguridad de Múnich.

“Europa no es decadente ni ‘woke’, ni su civilización está amenazada”, afirmó Kallas, en alusión a críticas del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha advertido que tanto EE. UU. como Europa enfrentan riesgos derivados de la inmigración masiva.

Rubio: “No pedimos vasallos”

Por su parte, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, aseguró que Washington no busca una relación de subordinación con el bloque europeo.

“No estamos pidiendo a Europa que sea un vasallo de Estados Unidos”, declaró durante su gira por el continente, que incluye visitas a Eslovaquia y Hungría. Rubio insistió en que el objetivo es una “alianza revitalizada” con una Europa “fuerte”, alineada con la visión estadounidense sobre el orden internacional.

Paradas clave: Eslovaquia y Hungría

En Bratislava, Rubio se reunió con el primer ministro eslovaco Robert Fico, quien comparte posturas soberanistas y nacionalistas similares a las de Trump. Uno de los ejes centrales del encuentro fue la guerra en Ucrania, dado que Eslovaquia comparte frontera con ese país.

Fico elogió el enfoque de Trump frente al conflicto, aunque advirtió que no prevé una resolución en el corto plazo. Rubio, por su parte, subrayó que el papel de Estados Unidos es facilitar el fin de una guerra “muy mortífera y extremadamente costosa”.

El lunes, Rubio continuará su agenda en Budapest, donde tiene previsto reunirse con el primer ministro húngaro Viktor Orbán. Orbán, aliado político de Trump, enfrenta un escenario electoral desafiante de cara a las legislativas del 12 de abril, con su partido Fidesz por detrás del opositor TISZA en los sondeos.

Energía y tensiones con Bruselas

Tanto Hungría como Eslovaquia mantienen una fuerte dependencia de los combustibles fósiles rusos, pese a las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania en 2022. Ambos países han chocado con la Unión Europea por la estrategia comunitaria de reducir progresivamente las importaciones de gas ruso.

Estados Unidos busca capitalizar ese debate energético para fortalecer la cooperación transatlántica, especialmente en materia de suministro energético alternativo.

El contraste también es político. El expresidente demócrata Joe Biden mantuvo relaciones tensas con Orbán, a quien acusó de debilitar instituciones democráticas en Hungría.

Las declaraciones cruzadas en Múnich reflejan un momento de redefinición del vínculo transatlántico: mientras Washington insiste en una Europa “fuerte” pero alineada, Bruselas reivindica su autonomía estratégica y rechaza etiquetas que cuestionen su modelo político y social.

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