En una nueva columna de opinión, Sebastián López planteó una fuerte crítica al actual clima político del país y señaló a tres figuras públicas como responsables, desde su perspectiva, de profundizar la división nacional: Iván Cepeda, Roy Barreras y Daniel Quintero.
López sostiene que Colombia enfrenta no solo una disputa ideológica, sino un problema más profundo relacionado con la forma en que se ejerce la política. A su juicio, el país atraviesa una etapa marcada por la confrontación permanente, el debilitamiento institucional y la pérdida de confianza ciudadana. En ese contexto, denomina a estos tres dirigentes como la “tripleta del mal”, no por su coincidencia partidista, sino —según afirma— por el impacto que generan en el debate público.
Iván Cepeda: la política como tribunal permanente
Sobre Iván Cepeda, el análisis apunta a lo que describe como una política basada en la acusación constante. López considera que cuando el debate democrático se transforma en un “tribunal permanente”, el diálogo se reduce y la construcción de consensos pierde espacio. Desde su perspectiva, esta dinámica termina erosionando la legitimidad institucional y normalizando la sospecha como herramienta política.
Roy Barreras: el costo del oportunismo político
En el caso de Roy Barreras, la crítica se centra en lo que López califica como oportunismo político. Señala que los cambios de postura y alianzas afectan la credibilidad del sistema democrático, pues generan la percepción de que la coherencia ideológica es secundaria frente a la conveniencia del momento. A su juicio, esa práctica incrementa el desencanto ciudadano y debilita la confianza en la representación política.
Daniel Quintero: confrontación y fractura institucional
Respecto a Daniel Quintero, López afirma que su gestión estuvo marcada por la polarización y el conflicto político constante. Sostiene que el modelo de liderazgo implementado durante su administración generó fracturas en la institucionalidad local y trasladó la confrontación al centro de la agenda pública. Advierte, además, que ese estilo busca proyectarse a nivel nacional bajo una narrativa de renovación.
El punto común: polarización como estrategia de poder
Para López, el punto de coincidencia entre los tres dirigentes no es ideológico, sino metodológico. Considera que convertir al contradictor en enemigo y sostener la acción política sobre la polarización permanente termina debilitando la democracia. En su columna resume esta postura señalando que “destruir es más fácil que gobernar”.
El 8 de marzo: la “tripleta ganadora” como respuesta electoral
Frente a este panorama, el dirigente propone una respuesta política concreta para el 8 de marzo. Su llamado es respaldar al Centro Democrático al Senado y a la Cámara de Representantes, así como apoyar a Paloma Valencia en la consulta presidencial de la colectividad.
A esta fórmula la denomina la “tripleta ganadora”, planteándola como una alternativa de orden institucional, coherencia política y fortalecimiento democrático frente a la confrontación constante.
Un llamado a redefinir el rumbo político del país
La columna concluye con una advertencia clara: Colombia no puede seguir normalizando una política basada en el resentimiento, la división y el conflicto permanente. Según López, el país enfrenta una oportunidad democrática para redefinir su rumbo en las urnas y optar por un liderazgo que fortalezca las instituciones y recupere la confianza ciudadana.
El 8 de marzo, afirma, será una fecha clave para que los ciudadanos decidan entre la polarización o una ruta política distinta basada en el respeto por las reglas y la estabilidad institucional.

