El anuncio de una reunión entre los presidentes de Colombia y Estados Unidos marcó un giro en el clima diplomático entre ambos países, luego de varias semanas de tensión registradas desde el regreso de Donald Trump al poder en enero de 2025. La conversación telefónica, que se extendió por cerca de una hora, abrió el camino para un encuentro presencial en la Casa Blanca, aún sin fecha definida.
La llamada entre Gustavo Petro y Donald Trump fue recibida con diversas reacciones dentro del país político, tanto desde la oposición como desde sectores afines al Gobierno, al interpretarse como un primer paso para reducir la confrontación que había caracterizado la relación bilateral en los últimos meses.
Entre los primeros en pronunciarse estuvieron varios aspirantes presidenciales. La exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, valoró positivamente el restablecimiento de una comunicación fluida entre los gobiernos y celebró el avance en las relaciones diplomáticas. A través de sus redes sociales, expresó su confianza en que el acercamiento se mantenga y se concrete pronto la reunión entre ambos mandatarios en Washington.
El exministro del Interior Juan Fernando Cristo también destacó el uso de los canales institucionales para tramitar las diferencias entre los dos países. Felicitó al Gobierno por acudir al diálogo y señaló que la cooperación bilateral debería enfocarse en enfrentar amenazas comunes, como el narcotráfico y los grupos armados ilegales.
Por su parte, el exembajador de Colombia en el Reino Unido, Roy Barreras, calificó la llamada como una noticia positiva, al considerar que contribuye a bajar el tono del enfrentamiento y a reactivar la vía diplomática. En un mensaje difundido en redes sociales, afirmó que el diálogo es el camino adecuado para resolver las tensiones entre Estados.
Desde una postura crítica, el candidato presidencial por el movimiento Salvación Nacional, Abelardo De La Espriella, reaccionó una hora después del pronunciamiento del presidente Petro y aseguró en su cuenta de X que Trump había impuesto su autoridad frente al Gobierno colombiano, utilizando un lenguaje confrontacional contra el mandatario.
Las reacciones oficiales comenzaron desde la Embajada de Colombia en Washington. El embajador Daniel García-Peña agradeció el “tono constructivo” del intercambio entre ambos gobiernos y reiteró la disposición de Colombia a mantener un diálogo respetuoso y cooperativo con Estados Unidos, con énfasis en la estabilidad regional.
En el mismo sentido, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, quien acompañaba al presidente Petro en la Plaza de Bolívar durante su intervención pública, hizo referencia a la llamada en redes sociales con un mensaje breve y en tono irónico.
Durante su discurso en la Plaza de Bolívar, el presidente Petro aseguró que sectores de la derecha colombiana habrían impulsado desde Miami una narrativa en su contra. En sus declaraciones mencionó a la periodista Vicky Dávila, a quien vinculó con figuras políticas del Caribe colombiano asociadas, según él, con episodios de parapolítica.
Ante esas afirmaciones, Dávila respondió desde su cuenta de X con un mensaje en el que rechazó las acusaciones y cuestionó duramente al jefe de Estado.
El presidente también se refirió a declaraciones del expresidente Álvaro Uribe, quien había señalado que Trump “no venía por Colombia sino por Petro”. Petro respondió de manera vehemente durante su intervención pública, criticando lo que consideró un desconocimiento de la historia política del país.
Estas declaraciones generaron una reacción inmediata del partido Centro Democrático, colectividad liderada por el expresidente Uribe, que difundió varios comunicados rechazando el lenguaje utilizado por el mandatario. En ellos, condenaron lo que calificaron como un discurso agresivo y estigmatizante, y advirtieron sobre los riesgos de la confrontación verbal en el contexto político actual.
“El lenguaje de insulto y señalamiento no es inofensivo; alimenta la polarización y pone en riesgo la convivencia democrática”, señaló el partido, al tiempo que acusó al presidente de desconocer su responsabilidad institucional y de avivar la confrontación política.
