Reformas clave del Gobierno Petro quedan en riesgo de naufragar en 2026

El cierre del periodo legislativo de 2025 dejó al Gobierno del presidente Gustavo Petro con más interrogantes que logros en el Congreso. Tras un año marcado por confrontaciones políticas, episodios de violencia que sacudieron al país y un ambiente preelectoral cada vez más evidente, varias de las principales iniciativas del Ejecutivo quedaron seriamente comprometidas de cara a 2026.

En términos legislativos, el balance fue limitado. El mayor avance del Gobierno fue la aprobación del Presupuesto General de la Nación para 2026 por COP 546,9 billones. No obstante, ese triunfo tuvo un sabor agridulce: el monto aprobado fue inferior en cerca de COP 10 billones a la propuesta inicial, luego de que las mayorías parlamentarias se negaran a otorgarle al Ejecutivo la facultad de completar la cifra por decreto.

El panorama se complicó aún más cuando el Gobierno intentó tramitar una reforma tributaria con la que buscaba recaudar COP 16,3 billones adicionales para cerrar el faltante presupuestal. Las comisiones económicas bloquearon la iniciativa, en parte por la ausencia de un liderazgo claro que defendiera el proyecto y, sobre todo, por su alto costo político. Congresistas de distintos partidos coincidieron en que resultaba inviable avalar nuevos impuestos en plena recta final del año y a pocos meses de elecciones.

Cuatro iniciativas en terreno incierto

Con el telón de fondo de estas derrotas, al menos cuatro proyectos estratégicos del Ejecutivo quedaron en una situación delicada para la próxima legislatura: la Jurisdicción Agraria, el Ministerio de la Igualdad, la ley de competencias y la ley de sometimiento.

La iniciativa más compleja es la ley de sometimiento, golpeada por los cuestionamientos a la política de “paz total” y por el recrudecimiento de la violencia en varias regiones del país. Las dudas sobre la efectividad de los diálogos con grupos armados y estructuras criminales han debilitado el respaldo político a este proyecto.

La Jurisdicción Agraria y el Ministerio de la Igualdad, aunque formalmente siguen en trámite, avanzan con dificultad. En el Congreso, sectores de oposición y algunos independientes han utilizado estas propuestas como escenario para cuestionar la ejecución del Gobierno y expresar su inconformidad con el rumbo general de la administración. El ambiente para debatirlas ha sido escaso, y su viabilidad dependerá de una ventana estrecha entre marzo y junio del próximo año.

A esto se suma un factor clave: las sesiones ordinarias se reanudarán el 16 de marzo, cuando ya se habrá elegido un nuevo Congreso y las campañas presidenciales estarán en plena efervescencia, con la primera vuelta prevista para el 31 de mayo. Ese contexto reduce el margen para acuerdos de fondo.

El pulso por la ley de competencias

Otro frente abierto es la ley de competencias, que desarrolla la reforma al Sistema General de Participaciones y que algunos consideran uno de los cambios más profundos al modelo de Estado en años recientes. Aunque fue radicada apenas esta semana, en el Gobierno confían en que pueda avanzar, dado que responde a una demanda histórica de las regiones por mayores recursos y autonomía.

Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Algunos sectores advierten que el componente electoral podría entorpecer el trámite, en especial si el debate se cruza con cálculos políticos de cara a las presidenciales.

Caminos alternos al Congreso

Ante este escenario adverso, el presidente Petro y su círculo cercano han empezado a explorar rutas distintas al Legislativo. Entre las opciones que se barajan están la declaratoria de una emergencia económica para enfrentar el hundimiento de la tributaria y la reactivación de la idea de una asamblea constituyente, con un claro trasfondo electoral.

El propio mandatario volvió a poner el tema sobre la mesa esta semana, tras el revés de una de sus reformas en la Comisión Séptima. Según Petro, aún existe la posibilidad de que el Congreso rectifique, pero advirtió que, de no hacerlo, el Gobierno buscaría otros mecanismos.

“El Congreso todavía tiene la oportunidad de construir un sistema de salud valioso para Colombia. Si no, se hará en asamblea constituyente, de acuerdo con las firmas ciudadanas y el voto del nuevo Congreso”, afirmó el jefe de Estado.

Así, el 2026 se perfila como un año decisivo no solo para la suerte de estas reformas, sino para la estrategia política del Gobierno en un contexto marcado por elecciones, polarización y un Legislativo cada vez menos dispuesto a acompañar al Ejecutivo

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