Irán permanece sin acceso a internet desde hace más de cuatro días, en medio de una ola de protestas que no da señales de disminuir y que ya ha generado una fuerte condena internacional por la represión ejercida por las autoridades.
Aunque este martes se restableció la comunicación telefónica internacional, el bloqueo de internet continúa. El Gobierno iraní asegura que la medida responde a supuestas “operaciones terroristas” detectadas durante las manifestaciones. Sin embargo, organizaciones defensoras de derechos humanos sostienen que el corte busca impedir la difusión de información sobre la represión, que, según diversas denuncias, habría dejado cientos de muertos o incluso más.
De acuerdo con la oenegé NetBlocks, el país está desconectado de la red desde el 8 de enero, lo que ya supera las 108 horas sin servicio. Las protestas comenzaron hace dos semanas como una reacción al aumento del costo de vida, pero con el paso de los días evolucionaron hacia un movimiento abiertamente crítico del régimen teocrático instaurado tras la revolución islámica de 1979.
El canciller iraní, Abás Araqchi, declaró al canal Al Jazeera que el apagón digital se ordenó únicamente después de que las autoridades detectaran acciones violentas coordinadas desde el exterior. Según su versión, el Gobierno había iniciado conversaciones con los manifestantes antes de tomar esa decisión.
Un desafío inédito para el régimen
Analistas consultados por la AFP coinciden en que el desenlace de las protestas es incierto, principalmente por la cohesión que hasta ahora ha mostrado el aparato estatal. No obstante, advierten que la intensidad y extensión de las movilizaciones han aumentado de forma sostenida desde el 28 de diciembre.
Para Nicole Grajewski, investigadora de Sciences Po en París, se trata del desafío más serio que ha enfrentado la República Islámica en años, tanto por su magnitud como por el carácter político cada vez más explícito de las demandas. Clément Therme, del Instituto Internacional de Estudios Iraníes, señala que este movimiento reúne reclamos económicos, sociales, estudiantiles y de género, reflejando el descontento de amplios sectores, incluida una clase media empobrecida.
Jason Brodsky, director de United Against a Nuclear Iran, considera que las protestas ya son históricas y que su prolongación introduce un alto nivel de inestabilidad en el núcleo del poder.
El factor decisivo: las fuerzas de seguridad
Según los expertos, el elemento clave para un eventual quiebre del régimen sería una fractura interna, ya sea dentro de las fuerzas armadas o en el círculo cercano al líder supremo, Alí Jamenei, de 86 años. La eventual deserción de miembros del aparato de seguridad o su confraternización con los manifestantes podría alterar de manera decisiva el equilibrio de poder.
Por ahora, no se observan señales claras de divisiones en las fuerzas del orden ni en los Guardianes de la Revolución. Tampoco hay indicios de que los manifestantes hayan logrado tomar o mantener el control de instituciones estratégicas, lo que, según Grajewski, limita las posibilidades de un cambio estructural a corto plazo.
Crisis económica y presión internacional
El trasfondo económico sigue siendo un detonante central. El aumento acelerado de los precios ha golpeado tanto a los sectores más pobres como a la clase media, alimentando el descontento social. Therme advierte que el régimen enfrenta un círculo vicioso: la represión agrava la crisis económica, lo que a su vez intensifica las protestas.
En el plano externo, Estados Unidos ha elevado el tono. El presidente Donald Trump amenazó la semana pasada con responder con dureza si continúa la represión y aseguró que se están evaluando “opciones muy contundentes”. Esto reaviva las especulaciones sobre el papel que podrían jugar Washington e Israel.
Para Arash Azizi, de la Universidad de Yale, la combinación de presión interna y amenazas externas podría empujar a sectores del propio régimen a promover un cambio abrupto, incluso mediante un golpe interno que modifique las bases del sistema político. Ese escenario, sostiene, también implicaría una caída del régimen tal como se conoce hoy.
Mientras tanto, Irán sigue desconectado del mundo digital, y las protestas continúan marcando uno de los momentos más críticos para la República Islámica en décadas.
