Torre de Tokio: la lavadora humana

Una máquina capaz de lavar personas en apenas diez minutos parecía una excentricidad destinada al olvido cuando fue presentada en la Exposición Universal de Osaka en 1970. Aquel invento, concebido como un gigantesco electrodoméstico para dejar al usuario limpio sin esfuerzo, no encontró su lugar en ese momento. Medio siglo después, la historia le dio la razón a sus creadores.

La llamada “lavadora humana” acaba de reaparecer como una opción comercial viable, impulsada por una realidad que Japón conoce bien antes que casi nadie: el envejecimiento acelerado de la población. Su fabricante, la empresa japonesa Science, despertó interés internacional tras permitir que cerca de 1.300 personas de distintas edades y nacionalidades probaran el dispositivo durante los seis meses de la Expo Osaka 2025, según reportó la agencia Kyodo.

La versión actual del aparato tiene dimensiones similares a las de un carrito de helados. Cuenta con una puerta lateral transparente por la que el usuario accede para sentarse cómodamente y recibir un baño de microburbujas de alta presión, capaces de limpiar la piel sin necesidad de jabón ni fricción manual.

El contexto social explica por qué este invento, ignorado durante décadas, hoy resulta oportuno. Japón, gracias a su nivel de vida y a su longevidad, se convirtió en un laboratorio adelantado del futuro demográfico: una sociedad donde cada vez hay más personas mayores y menos manos disponibles para cuidarlas.

Las primeras unidades de esta lavadora para humanos comenzarán a operar en residencias de adultos mayores a partir de marzo. Para el público general, el producto estará disponible hacia finales de este año, con un precio cercano a los 9.200 dólares, comparable al de una motocicleta japonesa de gama alta.

No es la primera vez que una tecnología japonesa se adelanta a su tiempo. Algo similar ocurrió con el fax, presentado en la Exposición de Londres de 1851 como el “telégrafo de la imagen” y relegado durante más de un siglo, hasta que la sociedad necesitó enviar documentos con mayor rapidez que el correo tradicional.

En 1970, pocos anticipaban que bañar a miles de ancianos dependientes se convertiría en un desafío económico y humano, agravado por la escasez de personal sanitario y cuidadores. En aquel entonces, Japón tenía 23 millones de habitantes menos que hoy y las personas mayores de 65 años no alcanzaban el 7 % de la población.

Actualmente, ese grupo representa casi el 29 %, y es cada vez más común que trabajadores en edad productiva abandonen sus empleos para atender a padres envejecidos. En ese escenario, tecnologías como la lavadora humana aparecen no como curiosidades futuristas, sino como herramientas prácticas.

Este dispositivo se suma a otras soluciones desarrolladas en Japón, como zapatos con GPS para seguir los recorridos de personas con demencia o exoesqueletos eléctricos que ayudan a caminar a quienes tienen movilidad reducida. Todas nacen en un país que ya vive el futuro demográfico del mundo industrializado.

Perfeccionadas en este entorno, estas innovaciones esperan ahora su segundo gran mercado: sociedades que, en las próximas décadas, también deberán aprender a cuidar a una población cada vez más longeva.

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