En un escenario global marcado por grandes potencias impredecibles y por el uso del comercio como instrumento de presión, alinearse automáticamente con un bloque u otro representa un riesgo elevado. Para 2026, Colombia enfrenta la necesidad de definir su estrategia internacional con independencia frente a Estados Unidos y China.
Riesgos de depender de Estados Unidos
Durante décadas, la política exterior y comercial de Colombia se basó en la idea de que Estados Unidos era un socio predecible. Sin embargo, el regreso de Donald Trump y la segunda administración “America First” han evidenciado que los aranceles y medidas unilaterales pueden imponerse como herramientas de presión, generando incertidumbre permanente. Incluso si la Corte Suprema limita algunos aranceles, otros mecanismos legales del Ejecutivo estadounidense mantendrán la imprevisibilidad en la relación comercial.
China: oportunidades con limitaciones
La adhesión de Colombia a la Ruta de la Seda refleja un intento de diversificar relaciones con China, pero este camino también conlleva riesgos. La economía china se basa en un control masivo de su capacidad industrial, dejando poco margen a los países dependientes de sus importaciones para desarrollar sus propias industrias. En América Latina, el déficit comercial con China sigue creciendo y la relación tiende a reforzar patrones de reprimarización, más que fomentar industrialización o diversificación productiva.
Aprender del ejemplo de Brasil
Brasil demuestra que es posible extraer beneficios de ambas potencias sin comprometerse a una alineación completa. Con China, aplicó aranceles selectivos y promovió inversión industrial local; con Estados Unidos, resistió presiones arancelarias de Trump, protegiendo su industria y manteniendo negociaciones en condiciones favorables.
Autonomía estratégica: un camino viable para Colombia
Aunque algunos consideren que Colombia es demasiado pequeña para ejercer autonomía, la historia muestra lo contrario. Suiza y Singapur han demostrado que la no alineación y la diversificación de relaciones pueden generar estabilidad y prosperidad.
Conclusión
En 2026, Colombia debería abandonar los reflejos de subordinación y apostar por una política de autonomía estratégica. Esto implica mantener independencia en la toma de decisiones, diversificar relaciones económicas y evitar quedar atrapada en una competencia global que, actualmente, ofrece más riesgos que oportunidades. La clave será fortalecer la capacidad del país para proteger sus intereses y transformar las relaciones internacionales en ventajas sostenibles.
