Las expectativas del mercado apuntan a que la inflación y las tasas de interés en Colombia podrían volver a subir en 2026, en contraste con el discurso del Gobierno nacional y de sectores cercanos a la administración del presidente Gustavo Petro. Analistas atribuyen este escenario, en buena parte, al incremento del 23 % en el salario mínimo, ahora denominado salario vital.
Así lo refleja la más reciente Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo, correspondiente a enero, que muestra un panorama menos optimista frente a la trayectoria de los precios y la política monetaria.
De acuerdo con el sondeo, la mayoría de los analistas consultados estima que la inflación cerraría en 6,5 %, mientras que para enero el Índice de Precios al Consumidor (IPC) podría acelerarse hasta 5,33 %. De confirmarse este dato, la inflación retornaría a niveles similares a los observados en noviembre del año pasado.
Este repunte no solo implicaría un retroceso frente al proceso de desinflación, sino que dificultaría el cumplimiento de las proyecciones del Banco de la República, que había anticipado una moderación más clara de los precios durante el primer semestre del año.
En ese contexto, los analistas prevén que el repunte inflacionario estaría acompañado de ajustes al alza en las tasas de interés, una decisión que generaría fricciones con el Ejecutivo, que ha sido crítico de la postura restrictiva del banco central a lo largo del actual gobierno.
Según la encuesta, la tasa de política monetaria del Banco de la República cerraría 2026 en 11,25 %, un nivel similar al registrado en junio de 2024. Además, el consenso apunta a que en la próxima reunión de la junta directiva podría producirse un incremento inmediato, llevando la tasa hasta 9,75 %.
De concretarse este movimiento, sería la primera subida de tasas desde marzo de 2023, cuando el país aún enfrentaba el impacto del pico inflacionario posterior a la pandemia.
Desde la óptica del Gobierno, los incrementos del salario mínimo de los últimos años —que han superado con holgura la inflación— no han generado presiones inflacionarias significativas, como advertían algunos analistas. Por el contrario, la Casa de Nariño sostiene que estas decisiones han impulsado la economía, fortaleciendo el poder adquisitivo de los hogares y favoreciendo el desempeño de sectores como el comercio electrónico y la industria manufacturera.
No obstante, para el mercado, el riesgo inflacionario sigue latente y la política monetaria podría verse obligada a retomar un sesgo más restrictivo si las presiones sobre los precios se consolidan en los próximos meses.
