Política

“Camilo Torres se escandalizaría al ver en qué terminó el ELN”: Joe Broderick

Con motivo de las recientes indagaciones sobre los restos del sacerdote Camilo Torres, abatido como combatiente del ELN hace seis décadas, conversamos con Joe Broderick, autor de la primera biografía del cura guerrillero, publicada hace medio siglo y aún vigente. Teólogo, escritor, traductor y dramaturgo, Broderick también ofreció en su momento un guion cinematográfico a Rodrigo García Barcha.

Hace 50 años publicó la primera biografía de Camilo Torres. ¿Qué piensa de que, cuando se cumplen 60 años de su muerte —el 15 de febrero de 1966—, el ELN y la Unidad de Búsqueda anuncien la supuesta identificación de sus restos?

Francamente, lo pongo en duda hasta que digan con exactitud dónde los encontraron y presenten pruebas de ADN. Según me relató Álvaro Valencia Tovar, general que dirigió el operativo en el que murió Camilo, el cuerpo quedó en manos de la Quinta Brigada del Ejército en Santander. Él habló con Fernando Torres, hermano de Camilo, quien no compartía sus ideas, y le preguntó qué hacer con el cadáver. Fernando le respondió: “Disponga usted”. Ni siquiera quiso recibirlo para que su madre pudiera darle sepultura digna.

Su investigación fue exhaustiva: abre con la versión militar, sigue con la de la familia y cierra con la de los guerrilleros. ¿El general Valencia debió informar públicamente qué ocurrió con el cuerpo?

Por supuesto. Los militares sabían perfectamente dónde estaban los restos, porque fueron ellos quienes se encargaron de enterrarlo en un cementerio.

Valencia Tovar también publicó su versión en El final de Camilo (1976) y lo conoció personalmente. ¿Nunca le reveló detalles sobre el paradero del cadáver?

No dijo nada mientras vivió Fernando. El croquis del combate lo dibujó frente a mí y fue fundamental para reconstruir los hechos. Después, la versión que me dieron los guerrilleros coincidió plenamente con ese relato.

Usted es australiano, de ascendencia irlandesa. ¿Cómo terminó en Colombia y escribiendo sobre Camilo Torres apenas un año después de su muerte?

Yo era un sacerdote joven y trabajé como secretario del nuncio apostólico en República Dominicana. Dejé la diplomacia porque no era lo mío y vine a Suramérica como misionero, primero a Lima y luego a Cajamarca, en Perú. Más tarde abandoné el sacerdocio y llegué a Colombia, donde trabajé con curas influidos por el pensamiento de Camilo. Su muerte la supe estando en una casa cural en Australia, escuchando la radio: un sacerdote sociólogo, de buena familia, muerto en la guerrilla como un mártir.

¿Cómo nació la idea del libro?

Pasé unos días en México, en casa del teólogo Iván Illich, en Cuernavaca. Allí coincidí con un editor de Doubleday, de Nueva York, que buscaba a alguien que escribiera sobre Camilo. Illich me recomendó. Ningún editor colombiano pensó en ese proyecto, sin advertir que Camilo, por la forma en que murió, se había convertido en un símbolo para la izquierda internacional.

La primera edición se publicó en inglés. ¿Por qué aceptó escribirla?

Porque no tenía trabajo y me ofrecieron un anticipo de tres mil dólares. No fue vocación mística, fue pura necesidad.

Sin embargo, el resultado sigue vigente tras más de diez reediciones. ¿Cuánto tiempo le tomó?

Unos cuatro años. Para mí fue rápido.

En un contexto peligroso: el ELN lo creía agente de la CIA y el Ejército lo veía como subversivo.

Ambos me vigilaban. Pero lo más riesgoso era lo de la guerrilla: pensaban que podían “quemarme”.

¿Fue consciente del peligro?

No del todo. Si lo hubiera sido, probablemente no habría escrito el libro.

Décadas después publicó El guerrillero invisible, sobre Manuel Pérez Martínez, fundador del ELN, con un retrato mucho menos heroico.

Así es. Ese libro volvió sobre el tema 30 años después. También fue un encargo. Al principio no me interesaba Pérez, pero pensé que ambos habíamos vivido los mismos años: yo en la ciudad y él en el monte. Mis libros no son solo biografías, son mi manera de contar la historia de Colombia a través de personajes.

Además, están escritos con ritmo narrativo.

Elegí un tono novelesco para que el lector sintiera al personaje: oírlo hablar, verlo caminar, fumar su pipa.

Se apoyó incluso en los libros que Camilo leía.

Sentía que leía sobre su hombro. Mucha gente cree que lo conocí personalmente.

¿Cómo definiría a Camilo Torres, seis décadas después?

Un romántico en el mejor sentido, incluso idealizando la lucha armada. En esos años todos estábamos fascinados con Cuba, Fidel y el Che.

¿Y a Manuel Pérez?

Un idealista también, menos romántico, pero igualmente hijo de los sesenta.

Tras ver en qué se convirtió el ELN, ¿qué sentido tuvieron esas vidas?

Creo que estarían horrorizados, o al menos profundamente desconcertados. El ELN perdió el rumbo.

¿Aún conservan ideales políticos o ya son estructuras mafiosas?

Es complejo. El Comando Central no controla nada y vive entre Venezuela y Cuba. Los frentes operan de forma autónoma, sobreviviendo del negocio local. Tal vez los viejos líderes aún piensan en justicia social, pero los combatientes viven de la guerra.

¿Sirvieron de algo 60 años de guerrilla?

No. La guerrilla fracasó. Las FARC entendieron que ese modelo estaba agotado. Hoy la guerra es tecnológica, no de fusiles en la selva.

¿Tiene sentido dialogar con el ELN?

No. Viven de la guerra y no tienen mando real. Hay que combatirlos con inteligencia militar, como se hizo con las FARC.

Además de sus libros sobre violencia, ha trabajado extensamente la literatura anglosajona.

Descubrí que podía servir de puente entre mi cultura irlandesa y la colombiana. Traducir a Beckett, por ejemplo, fue una necesidad.

Usted también es colombiano por adopción.

Exactamente.

Ha traducido a Shakespeare para importantes montajes teatrales.

Comencé con Hamlet y luego vinieron Otelo, Macbeth y otras. Para los 400 años de Shakespeare, el Teatro Colón montó Macbeth con mi traducción.

También escribió una biografía de Samuel Beckett.

Sí, La tragicomedia de la vida. Eso me llevó a participar en encuentros internacionales.

Y recientemente publicó Para leer el Ulises de Joyce.

Era necesario un libro pedagógico en castellano. Lo enseñé durante diez años en cursos y maestrías.

Lo escribió a los 90 años y además ha actuado en televisión.

Así es. Empecé a actuar a los 75.

¿Le gusta reinventarse?

Siempre se puede empezar de nuevo.

Está escribiendo sus memorias.

Por episodios. El primero trata sobre Camilo. Incluyo anécdotas como la llamada de García Márquez, que quería escribir ese libro.

García Márquez calificó su biografía como “monumental”.

Eso me honró profundamente.

¿Y la película sobre Camilo?

Algún día se hará. Incluso le escribí a Rodrigo García, pero no respondió.

¿Cómo quiere cerrar su vida en Colombia?

Aquí, pero no pronto. Quiero ver cómo termina este caos mundial. No quiero perderme el espectáculo.

Team Voz Nacional

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