“El Congreso atraviesa el momento más crítico de su historia”, afirma Enrique Gómez Martínez

En diálogo con El Espectador, el candidato que lidera la lista al Senado por el partido Salvación Nacional expone sus principales propuestas legislativas, relata cómo conoció a Abelardo de la Espriella —aspirante presidencial de su colectividad— y lanza fuertes críticas contra Iván Cepeda.

¿Por qué decidió encabezar la lista de Salvación Nacional al Senado?

Para mí es evidente que el Congreso ha llegado a su peor etapa histórica. No solo por la percepción ciudadana, que lo ubica como la institución con peor imagen, sino por hechos gravísimos de corrupción y por la degradación de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Ver a presidentes del Senado y de la Cámara capturados por recibir maletas de dinero para manipular votos y debates, o a un ministro de Hacienda detenido por comprar apoyos políticos, envía una señal devastadora al país. Como partido que resurge en 2021, asumimos un compromiso ético inspirado en nuestro fundador, Álvaro Gómez Hurtado, quien demostró que es posible hacer política con ideas y sin corrupción.

En materia de seguridad, ¿cuál es su principal propuesta legislativa?

Colombia necesita un estatuto de seguridad que se convierta en política de Estado. Este debe brindar seguridad jurídica a los miembros de la Fuerza Pública, regular de manera sensata las operaciones y permitir recuperar el control del territorio para que las ciudades sean seguras de forma permanente. La política de seguridad no puede depender del cálculo político del gobierno de turno. Nuestra lista impulsa una nueva doctrina de Estado basada en la seguridad ciudadana, la lucha contra la subversión y la defensa de las fronteras, lo cual necesariamente debe ir acompañado de una profunda reforma a la justicia.

¿En qué consistiría esa reforma a la justicia que propone?

No hay seguridad sin justicia; pensar lo contrario es una ilusión. El sistema judicial colombiano está colapsado y goza de tan poca credibilidad como el Congreso. Proponemos duplicar el número de jueces, pasando a entre 22 y 24 jueces por cada 100.000 habitantes, con el fin de descongestionar los despachos y reducir la impunidad en delitos graves como homicidio, secuestro y extorsión. Asimismo, es indispensable una revisión estructural de la Fiscalía, que hoy es el principal núcleo de la impunidad criminal, pese a que su presupuesto se ha incrementado de manera considerable en los últimos 15 años.

Usted también cuestiona el modelo actual de elección al Congreso. ¿Qué cambios plantea?

Hoy los costos para llegar al Senado son desproporcionados. Un senador termina buscando votos en más de un centenar de municipios y en múltiples departamentos donde nadie lo conoce. Nuestra propuesta es avanzar hacia circunscripciones más pequeñas y de carácter uninominal. Por ejemplo, en Bogotá se podría elegir un representante por localidad, y en Antioquia uno por subregión. Actualmente, 14 departamentos no tienen representación real en el Senado porque los grandes departamentos concentran la votación. Es necesario devolverle al Senado un vínculo auténtico con las regiones.

¿Cuántas curules esperan obtener en las elecciones del 8 de marzo?

La construcción de nuestra lista ha sido progresiva y cuidadosa, integrando perfiles diversos. Contamos con 50 candidatos sólidos que representan una verdadera renovación. Creemos que tenemos una base electoral suficiente para superar el umbral, que ronda los 600.000 votos según el censo actual. Además, contamos con un factor diferencial: somos la lista del “tigre” Abelardo de la Espriella. Eso nos da un potencial adicional importante, cercano al millón de votos. Nuestra meta ideal es alcanzar entre 9 y 10 senadores, lo que implicaría alrededor de 1,6 millones de votos. También contamos con 20 listas a la Cámara en distintos departamentos que fortalecerán la votación al Senado.

¿Qué significa Abelardo de la Espriella para Salvación Nacional?

Abelardo representa el fenómeno político más relevante de las últimas décadas. Es un verdadero outsider. Yo cumplo el rol de jefe de debate, encargado de estructurar el discurso, comunicarlo y defender al candidato frente a ataques que considero injustificados y que, en realidad, reflejan su éxito.

Los datos lo respaldan: hoy registra cerca de 140 millones de interacciones mensuales en redes sociales; el competidor más cercano no alcanza ni una décima parte de esa cifra. No pauta publicidad ni utiliza bodegas digitales. En apenas tres meses ya se ubica segundo en intención de voto y alcanza niveles de reconocimiento entre el 56 % y el 60 %. El apodo de “tigre” surgió de la ciudadanía y nosotros lo incorporamos estratégicamente porque tiene un alto valor electoral.

Usted ha manifestado preocupación por un eventual triunfo de Iván Cepeda. ¿Por qué?

Coincido plenamente con Abelardo en que la democracia colombiana está en peligro. Iván Cepeda no es un demócrata y no pretende preservar la democracia; su proyecto apunta a desmontarla. La Asamblea Nacional Constituyente que impulsa Gustavo Petro es el camino para acabar con el sistema democrático.

Si Cepeda llegara al poder, la constituyente se materializaría y, en mi caso personal, tengo claro que terminaría en prisión, al igual que ocurrió con la oposición en Venezuela cuando se consolidó el chavismo. Aun así, estoy dispuesto a asumir ese riesgo por el país. Cepeda es profundamente radical y quienes hoy lo respaldan desde el establecimiento se llevarán una sorpresa. Algunos observarán desde el exterior; nosotros estaremos aquí defendiendo las instituciones frente a lo que considero una deriva hacia una dictadura de corte bolivariano.

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