A lo largo de la historia republicana de Colombia, el poder político, económico y simbólico ha estado concentrado de manera persistente en el centro del país, particularmente en Bogotá y la región andina. Esta centralización ha configurado una relación asimétrica con la región Caribe, donde las decisiones fundamentales del Estado se toman lejos de la realidad social, cultural y económica costeña.
La llamada hegemonía “cachaca” no se expresa únicamente en cargos públicos o en la distribución del presupuesto nacional, sino también en la construcción del relato oficial del país. Desde el centro se han impuesto modelos de desarrollo, formas de gobierno y patrones culturales que no siempre dialogan con las dinámicas del Caribe, una región con identidad propia, vocación comercial, diversidad étnica y una historia profundamente ligada al intercambio internacional.
En múltiples momentos, la Costa Caribe ha sido tratada como un territorio periférico: se le exige productividad, votos y lealtad política, pero se le devuelve inversión tardía, infraestructura incompleta y estigmatización. Mientras Bogotá consolida su condición de centro administrativo y financiero, los departamentos costeros enfrentan rezagos estructurales en educación, conectividad, agua potable y servicios básicos, brechas que no son casuales sino resultado de decisiones históricas.
Esta relación desigual también ha permeado el imaginario social. El acento, las expresiones culturales y las formas de vida costeñas han sido minimizadas o caricaturizadas desde el centro, reforzando una jerarquía simbólica que legitima la concentración del poder. La hegemonía no solo se ejerce desde el presupuesto, sino desde el lenguaje, los medios y la narrativa nacional.
No obstante, la Costa Caribe ha demostrado una capacidad constante de resistencia y aporte. Ha sido cuna de procesos culturales, literarios, musicales y políticos que han marcado la identidad colombiana. Su potencial económico —puertos, turismo, energía, agroindustria— sigue siendo estratégico para el país, aunque muchas veces subutilizado por falta de una visión descentralizada real.
Hoy, el debate sobre la hegemonía del centro frente a las regiones vuelve a cobrar fuerza. La descentralización efectiva, la autonomía territorial y un nuevo pacto regional son temas que ya no pueden postergarse. Más que una confrontación entre “cachacos” y “costeños”, el país enfrenta el reto de redefinir su modelo de poder para construir una Colombia menos centralista y más equitativa.
