Las grandes plataformas digitales enfrentan acusaciones de haber creado sistemas pensados para generar dependencia en los menores. El desenlace del proceso judicial podría marcar un antes y un después para la industria.
Una joven de 20 años, que asegura haber desarrollado una adicción a las redes sociales durante más de diez años, compareció brevemente el lunes ante el jurado que deberá decidir si Instagram y YouTube se beneficiaron económicamente de su vulnerabilidad.
Identificada únicamente como Kaley, permaneció en la sala apenas unos 30 segundos antes de retirarse. Su abogado, Mark Lanier, explicó al jurado que, debido a su estado emocional, era necesario evitar que durante las próximas semanas se expusieran y debatieran públicamente sus problemas de salud mental.
Con su caso arranca esta semana en Los Ángeles un juicio considerado histórico, en el que Meta Platforms Inc., propietaria de Instagram, y Google, empresa matriz de YouTube, deberán responder a la acusación de haber diseñado deliberadamente sus plataformas para enganchar a niños y adolescentes y convertirlos en usuarios altamente rentables.
Este proceso servirá como una prueba decisiva para miles de demandas similares que no solo señalan a Meta y Google, sino también a TikTok Inc. y Snap Inc. Estas dos últimas compañías no participan en este primer juicio, ya que alcanzaron acuerdos confidenciales con los abogados de Kaley, del Social Media Victims Law Center, con sede en Seattle.
Durante su alegato inicial, que se extendió por dos horas, Lanier sostuvo que las plataformas “construyeron máquinas pensadas para volver adictos los cerebros de los niños”, incorporando funciones que mantienen a los usuarios permanentemente enganchados, como el desplazamiento infinito de contenido sin fin.
“Piense en una máquina tragamonedas que cabe en el bolsillo”, dijo al jurado. “No exige leer ni escribir, solo un gesto físico. Para una niña como Kaley, ese movimiento es como accionar la palanca de una tragamonedas. Cada deslizamiento es una apuesta, no por dinero, sino por estimulación mental”.
Por su parte, Paul Schmidt, abogado de Meta, reconoció que Kaley sufrió un profundo malestar psicológico y buscó ayuda profesional. Sin embargo, sostuvo que el origen de sus problemas radica en factores externos, como la inestabilidad familiar, episodios de abuso físico y verbal, y el acoso escolar.
“Si se eliminara Instagram de su vida y todo lo demás permaneciera igual, ¿realmente su situación sería distinta o seguiría enfrentando las mismas dificultades?”, cuestionó Schmidt ante el jurado.
Está previsto que el abogado de Google presente su declaración de apertura este martes por la mañana, frente a un jurado integrado por seis mujeres y seis hombres.
Las empresas demandadas niegan de forma categórica cualquier conducta indebida y aseguran haber desarrollado herramientas y recursos para apoyar a padres y madres de adolescentes. No obstante, una eventual derrota en estos primeros juicios podría obligarlas a modificar sustancialmente la manera en que los menores interactúan con las redes sociales y a negociar acuerdos millonarios con otros demandantes, en un escenario comparable a los litigios que afectaron en su momento a las industrias del tabaco y los opioides.
Durante el proceso se espera el testimonio del director de Instagram, Adam Mosseri, así como del director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, y del responsable de YouTube, Neal Mohan. También declararán especialistas en psicología infantil y otras áreas relacionadas.
En los documentos judiciales, Kaley aparece identificada como KGM, ya que era menor de edad durante gran parte del periodo descrito en la demanda. En ella se afirma que el uso continuo de redes sociales le provocó ansiedad, depresión y dismorfia corporal.
Lanier explicó al jurado que, en la búsqueda de “billones de dólares”, las compañías diseñaron intencionalmente sus plataformas para atrapar a los niños, estimulando sus cerebros en desarrollo para que buscaran recompensas constantes.
“Se apoyan en la ciencia del funcionamiento del cerebro humano, y mis expertos lo compararán con un caballo de Troya”, señaló mientras mostraba documentos internos de las empresas. “YouTube y Google dirán que solo son un servicio de transmisión, una biblioteca digital inofensiva. Pero las pruebas cuentan otra historia”.
El abogado adelantó que llamará a declarar a Kaley, a su hermana y a su madre, aunque evitará que la joven permanezca en la sala durante el resto del juicio.
“Hoy Kaley se abruma con facilidad, y la parte de su mente encargada de filtrar el estrés quedó gravemente dañada por la maquinaria de los acusados”, afirmó. “Obligarla a escuchar durante semanas cómo se analiza su vida sería como pedirle a alguien con una pierna rota que corra una maratón”.
Schmidt respondió que, en muchos casos, las redes sociales resultan beneficiosas para los jóvenes, incluida Kaley. Indicó que ella misma reconoció que usar el teléfono era una forma de afrontar su realidad y “evitarlo todo”.
También describió las plataformas como un espacio creativo y admitió que le permitían expresar sus emociones, según la defensa de Meta.
El abogado añadió que KGM declaró seguir usando activamente Instagram, YouTube y TikTok, y que aspira a trabajar en algo relacionado con la edición de video.
De acuerdo con Schmidt, los historiales médicos muestran que la joven recibió más de 260 sesiones de tratamiento en salud mental, y que en muy pocas se abordó directamente una supuesta adicción a las redes sociales.
“No encontrarán ni veinte registros que mencionen las redes sociales, ni positiva ni negativamente”, sostuvo ante el jurado. “En cambio, verán muchas referencias a otros problemas”.
Desde hace años, críticos de las plataformas digitales advierten sobre su posible impacto negativo en la salud mental, especialmente entre adolescentes. Australia prohibió el uso de redes sociales a menores de 16 años a finales del año pasado, y varios países europeos analizan medidas similares.
Investigaciones internas de Meta, reveladas en 2021 por una exempleada denunciante, ya habían mostrado dificultades de la empresa para controlar la desinformación y advertían que Instagram podía afectar negativamente a adolescentes, en particular a las niñas.
Desde entonces, Meta ha introducido cambios en el acceso de los jóvenes a sus servicios, como las llamadas cuentas para adolescentes, que incluyen límites de contenido y mayor supervisión parental.
Schmidt resaltó estos esfuerzos ante el jurado, detallando funciones diseñadas para controlar el tiempo de uso y atender conductas problemáticas.
Antes del inicio del juicio, el portavoz de YouTube, José Castañeda, afirmó que las acusaciones “simplemente no son ciertas”.
“Garantizar experiencias más seguras y saludables para los jóvenes siempre ha sido una prioridad”, señaló. “En colaboración con expertos en juventud, salud mental y crianza, hemos desarrollado políticas y herramientas que ofrecen experiencias acordes a la edad y controles sólidos para las familias”.
