¿Es Colombia excesivamente dependiente de James Rodríguez?

James Rodríguez atraviesa una etapa determinante tanto en su carrera como en el proceso actual de la selección colombiana. Con el Mundial cada vez más cerca, el volante aún no define su club para este semestre, se prepara de manera individual y muestra en redes sociales un buen estado físico. Sin embargo, una cosa es entrenar por cuenta propia y otra muy distinta es competir, y la competencia es el verdadero termómetro de un futbolista a meses de una Copa del Mundo.

Hoy el panorama es evidente: Néstor Lorenzo ha estructurado buena parte del engranaje ofensivo de la selección alrededor de James. El juego, los tiempos y las decisiones clave pasan por su pie izquierdo. Esa realidad plantea una inquietud inevitable: si James no alcanza su mejor nivel para junio, ¿el seleccionador ajustará el plan con lo disponible o apostará por él sin importar su rendimiento reciente?

Las cifras ayudan a entender por qué Colombia ha girado durante años en torno a su ‘10’. James suma 122 partidos con la selección, 30 goles y 41 asistencias, registros que lo convierten en el máximo asistidor histórico del combinado nacional y en uno de los mediocampistas más influyentes que ha vestido la camiseta tricolor. En Eliminatorias acumula 14 goles y 14 asistencias; en Copa América, 3 tantos y 9 pases decisivos. Son números que reflejan un impacto directo y constante en el juego y en los resultados.

La Copa América de 2024 profundizó esa sensación. James fue el eje del equipo, lideró el rubro de asistencias y terminó elegido como el mejor jugador del torneo, pese a no contar con continuidad regular en su club. Esa contradicción —rendir al máximo sin competir de forma constante— alimenta la esperanza, pero también debería generar cautela. El paso del tiempo no perdona, las exigencias crecen y un Mundial no ofrece espacio para la improvisación.

Por eso, el debate no pasa por discutir si James sigue siendo fundamental, porque lo es, sino por evaluar si Colombia está lista para competir sin su mejor versión. En ese escenario, Luis Díaz surge como el futbolista más decisivo del presente: tiene continuidad, ritmo de alto nivel y la capacidad de liderar desde otra zona del campo. A su alrededor podrían construirse mecanismos distintos, menos centralizados y más colectivos.

El mayor riesgo sería llegar al Mundial con una única idea: James o nada. Las selecciones de élite trabajan planes alternativos; potencian a sus figuras, pero no subordinan todo su funcionamiento a una sola pieza. Lorenzo deberá definir si mantiene un modelo que exige al mejor James, aun cuando quizás no lo tenga, o si impulsa una evolución hacia una Colombia capaz de competir incluso cuando su jugador más influyente no esté en plenitud.

Porque el verdadero problema no sería que James no llegue en su punto ideal, sino que la selección arribe al Mundial sin haber probado otras soluciones. Y eso, más que una apuesta valiente, sería una decisión riesgosa.

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