Las recientes decisiones del Consejo Nacional Electoral marcaron un punto de inflexión en el panorama político de la izquierda colombiana. La exclusión de Iván Cepeda de la consulta del próximo 8 de marzo y la revocatoria de la lista del Pacto Histórico a la Cámara por Bogotá no son, para Sebastián López, simples detalles jurídicos, sino la evidencia de un proyecto político sumido en la improvisación, el caos y el desorden.
Según López, mientras el país reclama seriedad institucional y respeto por las reglas, el petrismo ha optado por responder con acusaciones, victimismo y ataques a las instituciones cada vez que una decisión no le resulta favorable. En su análisis, esta actitud revela una incapacidad estructural para asumir límites democráticos.
Para el concejal, Iván Cepeda encarna la ortodoxia petrista: la línea más dura de un gobierno que, lejos de fortalecer el Estado de derecho, ha normalizado la confrontación con los organismos de control. La exclusión del senador, sustentada en la imposibilidad de participar de manera simultánea en dos mecanismos electorales equivalentes, demuestra —afirma López— que las reglas siguen vigentes, incluso cuando sectores del Pacto Histórico intentan forzarlas a su conveniencia.
La decisión del CNE de revocar la lista a la Cámara por Bogotá agrava, a su juicio, el panorama del movimiento oficialista. Sebastián López sostiene que no se trata de un error aislado, sino de la consecuencia lógica de una colectividad que confunde la política con el activismo permanente y la organización con el discurso. “En el petrismo, las listas se construyen con cuotas, pugnas internas y cálculos personales, no con meritocracia, disciplina ni respeto por la ley”, señala.
En este contexto, López advierte que el deterioro del Pacto Histórico ocurre en un momento crítico para el país. Mientras el oficialismo se fragmenta entre disputas internas y estrategias defensivas, Colombia enfrenta desafíos urgentes en materia de seguridad, economía y estabilidad institucional. Para el concejal, recuperar el orden, el respeto por las reglas electorales y la seriedad en el ejercicio del poder no es una opción, sino una necesidad.
Desde su perspectiva, la derecha tiene hoy la responsabilidad histórica de demostrar que es posible ejercer liderazgo con firmeza sin erosionar la democracia ni convertir al Estado en un aparato de propaganda. Gobernar —insiste— implica respetar las instituciones, incluso cuando sus decisiones resultan incómodas.
En conclusión, para Sebastián López el caso Cepeda trasciende el plano electoral. Es el símbolo del desgaste profundo del petrismo, un proyecto que, según afirma, no está siendo derrotado por la oposición, sino por su propia incoherencia, su incapacidad para gobernar y su desprecio reiterado por las reglas que sostienen una república.
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