Diálogo con el exministro y excandidato presidencial conservador Juan Camilo Restrepo, una de las voces más reconocidas de la derecha tradicional colombiana. Con franqueza y mirada crítica, analiza la ruptura de la histórica cohesión del uribismo, un movimiento en el que durante años no se cuestionó el liderazgo absoluto del expresidente Álvaro Uribe. La irrupción de precandidatos con posturas que aparentan un radicalismo más extremo abre interrogantes sobre el porvenir institucional del país, advierte.
Aunque se ha apartado de la política partidista, usted es identificado como una figura del antiguo Partido Conservador, es decir, de la derecha histórica del país. ¿Le sorprende la división abrupta —en dos o incluso tres corrientes— del uribismo, que en la práctica terminó apropiándose de las banderas del conservadurismo?
El Partido Conservador dejó de tener banderas propias hace tres o cuatro décadas. Por tanto, no había nada que arrebatarle. Hoy, como ha sido costumbre, se limita a buscar cargos y a preservar pequeñas cuotas burocráticas. La crisis que hoy vive el uribismo es un problema interno: responde a tensiones propias y al desgaste del liderazgo de Uribe, lo que lo está fragmentando. Mientras tanto, los conservadores continúan con su conducta habitual: silencio frente a los grandes debates nacionales, aprovechamiento de la burocracia y, llegado el momento electoral, salir a recoger su tradicional millón y medio de votos.
Hace 24 años, en 2002, usted fue candidato presidencial conservador y compitió con Álvaro Uribe, entonces disidente del liberalismo, pero con ideas más cercanas al conservatismo. En ese momento, la mayoría de los congresistas conservadores lo respaldaron a él y no a usted. Hoy, ¿Uribe está viviendo una situación similar, con copartidarios que se alejan para construir un proyecto aparte?
El Partido Conservador es esencialmente parlamentarista: sus congresistas determinan su rumbo, viven de la burocracia y sus dirigentes saben arrimarse a la sombra más conveniente. Yo padecí ese parlamentarismo clientelista. En el caso de Uribe, enfrenta un proceso natural de desgaste. El país que él sigue describiendo ya no es el de hace 25 años y no representa plenamente la Colombia actual. Aun así, no creo que las bases del Centro Democrático lo abandonen. Aunque su discurso se percibe repetitivo y algo desfasado, sus seguidores lo respaldarán. Lo que sí dudo es que logre los resultados contundentes en el Congreso que algunos anticipan.
Entonces, ¿considera que el conservatismo tradicional desapareció y que lo que queda es una estructura política vacía que solo se exhibe en épocas electorales?
Insisto: el Partido Conservador solo aparece en tiempos de elecciones para capturar su millón y medio de votos, que es su caudal histórico.
Volviendo al uribismo, ¿era previsible la fractura de un movimiento que parecía compacto y con un liderazgo incuestionable, o la salida anunciada de la senadora María Fernanda Cabal resultó inesperada y especialmente perjudicial por la cercanía de los comicios?
A mi juicio, la crisis se veía venir, aunque no tan rápido. Al retiro de la dupla Lafaurie-Cabal se suma la adhesión al proyecto de Abelardo De La Espriella de sectores cercanos al alcalde de Medellín y, según versiones públicas, también del de Barranquilla. Además, se produjo el regreso sorpresivo de Miguel Uribe Londoño como candidato de línea uribista, pese a que ya se había apartado. Todo esto debilita al Centro Democrático.
¿Lo que ocurre indica que Uribe debería dar un paso al costado y permitir el surgimiento de nuevos liderazgos?
No veo a Uribe renunciando a la jefatura de su partido. Su ADN político le impide hacerlo: seguirá al frente hasta que sus bases se erosionen por completo.
No parece casual que quienes hoy desafían su autoridad pertenezcan a lo que se denomina la “derecha dura”. ¿Está Uribe debilitado o estos sectores representan un nuevo extremismo?
Estos nuevos actores se atrevieron a desafiar a Uribe, a “mostrarle las uñas”, pero no creo que por ahora vayan más allá. De hecho, el expresidente ni siquiera les ha respondido.
¿Parte del electorado de derecha, fiel durante décadas a Uribe, está migrando hacia opciones más radicales?
Primero habría que definir con claridad qué es la derecha y cuál es su proyecto, algo que hoy no está claro. Pero sí: existe un sector con un discurso más extremo que el de Uribe. Tal vez sea una reacción emocional al gobierno de Petro, al fracaso de la “paz total” y al tono confrontacional del Ejecutivo. Lo cierto es que Uribe ya no monopoliza ese espectro. De lo contrario, no se explicaría el ascenso de Abelardo De La Espriella, quien ofrece poco más que un saludo militar repetido. Incluso hay oficiales activos y retirados molestos por la banalización de los símbolos militares en su campaña.
¿Qué es más dañino para el Centro Democrático: el ascenso de un candidato sin experiencia o la ruptura de una senadora históricamente leal?
Sin ser experto en uribismo, considero que es más grave la irrupción de De La Espriella. Es un fenómeno inesperado, con escaso contenido ideológico y tintes de imitación de Bukele. La ruptura de Lafaurie y Cabal parece más bien una disputa de egos, con un impacto electoral limitado.
¿Entonces el daño es más de imagen que político?
Exactamente. Perder 200 mil votos sería un golpe, pero no definitivo. El mayor daño es simbólico: se resquebraja la imagen de cohesión y la fortaleza del liderazgo de Uribe. La adhesión de sectores regionales a De La Espriella revela malestares profundos. Sería muy grave que Uribe terminara alineándose con él, pues implicaría sacrificar coherencia por oportunismo.
¿Por qué el discurso de Uribe ya no resulta suficiente para sus electores?
Su liderazgo muestra signos de agotamiento. Colombia cambió, y él sigue moviéndose en la lógica de los “jefes naturales”, cada vez más distante de la realidad política actual.
¿De La Espriella podría absorber o incluso sepultar al Centro Democrático?
Por ahora, parece más interesado en ser incorporado por Uribe. Lo visita con frecuencia. Más adelante, es incierto qué ocurrirá.
¿El populismo extremo de De La Espriella es lo que busca la ultraderecha?
No lo creo. Falta claridad sobre su compromiso con el Estado de derecho. Ese es un punto central aún sin resolver.
¿Un eventual triunfo suyo pondría en riesgo la democracia?
No. La democracia colombiana es más sólida que cualquier repunte en encuestas.
¿La ruptura de Lafaurie y Cabal se explica solo por la selección de Paloma Valencia?
Todo indica que no supieron aceptar los resultados de la encuesta interna. Además, Lafaurie tiene antecedentes cuestionables. Mezclar intereses gremiales con los políticos de su esposa es inapropiado.
¿La candidatura de Paloma Valencia queda debilitada?
Sí, pero no liquidada. Uribe sigue apostándole. El mayor riesgo es el inicio del declive de su liderazgo.
¿El gobierno de izquierda radicalizó al electorado?
La política es pendular. El tono agresivo del gobierno ha generado reacciones, pero confío en que prevalecerá la sensatez.
¿Un gobierno de extrema derecha podría desatar persecuciones y violencia?
No lo creo. El respeto institucional debe imponerse.
¿Ya decidió por quién votará?
Como decía León de Greiff: “lo sé, pero no lo digo”.
