Los expresidentes mueven fichas de cara a las presidenciales de 2026

El camino hacia las elecciones presidenciales de 2026 ya comenzó y, a diferencia de otros procesos electorales, esta contienda estará marcada por la participación activa de casi todos los expresidentes vivos de Colombia. Desde distintos sectores ideológicos, figuras como Álvaro Uribe, César Gaviria, Juan Manuel Santos, Iván Duque, Andrés Pastrana y Ernesto Samper buscan influir en la definición de alianzas, candidatos y proyectos políticos que disputarán la Casa de Nariño.

El cierre del gobierno de Gustavo Petro, primer presidente de izquierda del país, ha intensificado el debate. Su administración, centrada en reformas estructurales y en la política de “paz total”, ha enfrentado dificultades en el Congreso y cuestionamientos por el deterioro de la seguridad, el aumento de la violencia en varias regiones y tensiones en política exterior. Este contexto ha llevado a los expresidentes a asumir un rol más visible en el escenario electoral.

Aunque el oficialismo ya definió su candidato mediante una consulta interna del Pacto Histórico, otros sectores aún buscan unificar fuerzas. El centro y la derecha presentan un panorama fragmentado, con múltiples aspirantes y sin una figura claramente dominante. Esta dispersión explica, en parte, la intervención directa de los expresidentes, quienes intentan ordenar el tablero político antes de la primera vuelta.

En la derecha y la centro-derecha, la principal apuesta es la conformación de una “coalición democrática” que permita competir con un solo candidato. La iniciativa, promovida inicialmente por Andrés Pastrana, ha sido asumida con mayor liderazgo por Álvaro Uribe, quien articula esfuerzos entre partidos tradicionales, movimientos políticos y figuras independientes. César Gaviria, pese a antiguas diferencias con Uribe, se ha sumado a esta estrategia, al igual que Iván Duque y otros dirigentes que consideran indispensable un acuerdo amplio para garantizar gobernabilidad y estabilidad institucional.

El objetivo de este bloque es llegar fortalecidos a una consulta interpartidista en marzo, definir un candidato único y disputar la Presidencia desde la primera vuelta. Para ello, los expresidentes han priorizado el pragmatismo político sobre viejas rivalidades, conscientes de que ninguna colectividad tiene, por sí sola, el peso electoral suficiente para imponerse.

En el progresismo, el rol más activo lo desempeña Ernesto Samper. Distanciado del liberalismo que lidera Gaviria, el exmandatario impulsa la creación de un Frente Amplio que reúna a sectores de izquierda, centro-izquierda y movimientos sociales. Samper ha respaldado al presidente Petro en momentos de tensión internacional y sostiene que el progresismo debe llegar unido a las elecciones para tener opciones reales de pasar a segunda vuelta. En este esfuerzo participan organizaciones y líderes que buscan construir una alternativa común más allá del Pacto Histórico.

Por su parte, Juan Manuel Santos ha optado por una estrategia distinta. Sin apoyar públicamente a ningún candidato, ha intensificado su presencia en redes sociales y medios de comunicación con mensajes dirigidos a promover una opción moderada. El exmandatario insiste en que el país necesita alejarse de los extremos ideológicos y construir consensos que permitan avanzar en reformas con gobernabilidad. Aunque evita dar nombres, su discurso apunta claramente a fortalecer al centro político como alternativa para 2026.

Así, mientras algunos expresidentes lideran coaliciones de manera directa y otros influyen desde el debate público, todos coinciden en que las elecciones de 2026 serán decisivas para redefinir el rumbo del país. Su participación activa confirma que, más allá de los candidatos, el pulso electoral también se libra entre los legados y visiones de quienes ya ocuparon la Presidencia.

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