Irán atraviesa su mayor ola de protestas desde 2022. Las manifestaciones, que ya cumplen doce días, se han extendido por la mayor parte del país, han dejado decenas de muertos y están acompañadas por un corte casi total del acceso a internet, una medida que organizaciones internacionales califican como censura digital.
Este jueves, manifestantes ocuparon una de las principales arterias de Teherán, desafiando la fuerte presencia de las fuerzas de seguridad. Videos difundidos en redes sociales —verificados por la AFP— muestran columnas de personas a pie y en vehículos coreando consignas contra el gobierno.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, cuando comerciantes de la capital salieron a las calles para rechazar el aumento de los precios y el colapso del rial. Desde entonces, el movimiento se expandió a 25 de las 31 provincias del país, según un recuento basado en fuentes oficiales y medios locales.
Un saldo de víctimas aún incierto
El número de fallecidos sigue siendo motivo de controversia. Medios estatales y comunicados oficiales reconocen al menos 21 muertos, entre ellos algunos miembros de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, la ONG Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, eleva la cifra a 45 manifestantes fallecidos, incluidos ocho menores de edad.
De acuerdo con IHR, el miércoles fue el día más violento, con 13 personas muertas, además de cientos de heridos y más de 2.000 detenidos en todo el país.
Este jueves, las autoridades también confirmaron la muerte de un agente policial al oeste de Teherán, quien habría fallecido mientras intentaba “controlar disturbios”, según la agencia Fars.
Corte nacional de internet y censura digital
En paralelo a la represión en las calles, Irán enfrenta un apagón informativo. La ONG Netblocks, especializada en monitoreo de conectividad, informó que el país se encuentra bajo un corte de internet a escala nacional, respaldado por datos en tiempo real.
La organización señaló que se trata de una estrategia deliberada de censura digital para dificultar la organización de las protestas y la difusión de información sobre lo que ocurre en las calles.
A pesar de las restricciones, han circulado grabaciones en las que se escuchan consignas como “esta es la batalla final, Pahlavi volverá”, en referencia a la dinastía derrocada en 1979, y “Seyyed Ali será destituido”, aludiendo directamente al líder supremo Ali Jamenei, en el poder desde 1989.
Reacciones internacionales y llamado al diálogo
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump lanzó una advertencia directa al gobierno iraní. Durante una entrevista radial, afirmó que Washington “golpearía muy duro” si las autoridades intensifican la represión contra los manifestantes.
Mientras tanto, el presidente iraní Masud Pezeshkian reiteró su llamado a la “máxima moderación” y al diálogo, instando a las autoridades a escuchar las demandas ciudadanas.
Las protestas también han alcanzado el ámbito universitario. En la Universidad Amir Kabir, una de las más importantes de Teherán, los exámenes finales fueron aplazados una semana debido a la situación, según la agencia ISNA.
El mayor desafío desde 2022
Aunque el detonante inicial fue el deterioro del poder adquisitivo y la inflación, el movimiento ha adquirido un tono político cada vez más marcado. Analistas coinciden en que se trata de las manifestaciones más intensas desde las protestas de 2022, que estallaron tras la muerte de Mahsa Amini, detenida por la policía moral por presuntamente llevar mal el velo.
Con las calles activas, el internet restringido y un número creciente de víctimas, Irán enfrenta uno de los momentos de mayor tensión interna de los últimos años.
