La reciente visita del presidente Gustavo Petro a Donald Trump dejó al descubierto una tensión que hoy marca la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos: la política antidrogas. Así lo advirtió Sebastián López, concejal de Medellín, al analizar el trasfondo político y estratégico del encuentro.
Desde su lectura, el desencuentro no responde a diferencias retóricas ni a choques de estilo diplomático. López sostiene que mientras Washington insiste en resultados verificables, el Gobierno colombiano ha privilegiado el discurso. La producción de coca continúa en aumento, los grupos armados amplían su influencia y el Estado pierde capacidad de control territorial. Para el dirigente local, se trata de un fracaso concreto de política pública, con impactos directos en seguridad, gobernabilidad y credibilidad internacional.
En su análisis, el concejal señala que la administración Petro desmontó una estrategia antidrogas sin construir un esquema alternativo eficaz. Si bien el modelo anterior presentaba falencias evidentes, al menos contenía la expansión del narcotráfico. En contraste, la actual orientación —marcada por la suspensión de la erradicación, la relativización de la extradición y la incorporación de estructuras criminales al discurso de la “paz total”— terminó, en palabras de López, beneficiando a las mafias y debilitando la acción del Estado.
El balance de esta política, advierte, ha derivado en una percepción internacional negativa. Colombia comienza a ser vista como un socio poco confiable en la lucha contra las drogas, una señal que puede traducirse en consecuencias económicas, diplomáticas y de seguridad. En ese sentido, López enfatiza que el problema trasciende la figura presidencial: “Este fracaso no es solo de Petro como individuo, sino de todo su proyecto político, el mismo que Iván Cepeda pretende heredar y profundizar”.
Para el concejal, la continuidad de este enfoque pone en riesgo la estabilidad institucional del país y abre escenarios de sanciones, aislamiento internacional y una mayor captura criminal del Estado. A su juicio, el debate no gira en torno a una coyuntura electoral, sino a la credibilidad misma de Colombia ante la comunidad internacional.
Ante este panorama, López plantea que la derecha en Colombia no puede reducirse a una simple postura ideológica. La define como una necesidad histórica, en un contexto que exige liderazgo con autoridad, cooperación internacional sin ambigüedades y una política antidrogas sustentada en resultados y evidencia. “La seguridad no se improvisa, la soberanía no se declama y el Estado no puede rendirse ante el crimen”, concluye. Para Sebastián López, Petro ya falló; insistir en su legado sería un costo que el país no está en capacidad de asumir.
