El fútbol suele analizarse con la perspectiva que da el tiempo, pero hay temporadas que invitan a ir más allá del simple balance. Obligan a preguntarse si lo ocurrido fue solo una coyuntura favorable o el punto de partida de una transformación real. El año que terminó dejó indicios positivos para el fútbol colombiano, y el que comienza impone desafíos que ya no permiten el conformismo ni las explicaciones indulgentes.
La selección Colombia consiguió su clasificación al Mundial luego de atravesar una crisis profunda, tanto en lo deportivo como en lo anímico. El proceso liderado por Néstor Lorenzo no solo enderezó los resultados, sino que reconstruyó una identidad competitiva que parecía diluida. El equipo cerró el año sin conocer la derrota, acumuló más de 20 partidos invicto y recuperó prestigio a nivel interno e internacional. Regresaron la solidez, la confianza y una base que hoy mezcla jugadores consolidados en Europa con jóvenes que ya tienen rodaje.
En el ámbito local, la Liga dejó una señal significativa: dos entrenadores uruguayos se quedaron con los títulos. Jorge Bava llevó a Independiente Santa Fe a la consagración, mientras Alfredo Arias hizo lo propio con Junior. Más allá de los protagonistas, el dato refleja una tendencia clara: equipos mejor estructurados, con ideas definidas, mayor rigor físico y menor dependencia del talento individual. No fue coincidencia que ambos campeones se distinguieran por su orden, intensidad y regularidad.
A este panorama se sumó la consolidación plena de Luis Díaz en el fútbol alemán. Con registros de doble dígito en goles y asistencias, además de actuaciones determinantes en partidos clave, el atacante guajiro se ratificó como figura central en un club de élite y como referente indiscutido de la selección. Su crecimiento dejó de ser una promesa: hoy es una realidad sostenida por continuidad, liderazgo y rendimiento.
Todo este escenario debe reflejarse en metas más ambiciosas. El año que inicia demanda un paso adelante. En el Mundial, Colombia debería plantearse, como mínimo, igualar o superar la actuación de Brasil 2014. Hay generación, funcionamiento colectivo y un grupo capaz de competir de igual a igual con cualquier rival. Clasificar ya no es suficiente: el reto ahora es trascender.
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