El desafío de la educación en Colombia
Quien asuma la Presidencia en agosto enfrentará un reto significativo: revitalizar la educación como clave para la movilidad social. Este objetivo implica abordar dos prioridades urgentes: asegurar la permanencia de niños, niñas y jóvenes en el sistema educativo y facilitar su transición hacia la educación posmedia, y garantizar que todos los estudiantes adquieran los aprendizajes necesarios para integrarse plenamente en la sociedad.
Estadísticas preocupantes
A pesar de los progresos en los últimos años, Colombia se encuentra lejos de alcanzar una educación inclusiva y efectiva. Solo el 55% de los estudiantes que ingresan a grado primero culmina grado 11 en el tiempo esperado, lo que resulta en alrededor de 1,2 millones de jóvenes entre 18 y 27 años fuera del sistema educativo y sin un título de bachillerato. Esta deserción conlleva graves pérdidas en capital humano, altos costos económicos y consecuencias negativas para el bienestar de la juventud.
Entre los estudiantes que se mantienen en el sistema, los resultados de aprendizaje son igualmente alarmantes. En 2019, el Banco Mundial señaló que cerca del 50% de los niños de 10 años no podían comprender un texto simple. En 2023, datos del ICFES revelan que el 48% de los estudiantes de grado 3 y el 41% de los de grado 5 están en niveles insuficientes en lectura, lo que evidencia que aquellos que completan la educación media lo hacen sin los conocimientos fundamentales.
Desigualdades territoriales
La situación se agrava por las brechas territoriales que prevalecen en el país. Niños y jóvenes de municipios pequeños, zonas rurales o regiones afectadas por el conflicto tienen un mayor riesgo de desertar y enfrentan escasas oportunidades para acceder a la educación superior. Problemas estructurales como la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades son factores determinantes, en un contexto donde las políticas históricas han fallado en centrar su atención en la infancia y la adolescencia.
Mejoras en educación superior
Uno de los pocos aspectos que han mostrado mejora en la última década es el acceso a la educación superior. Entre 2014 y 2024, la proporción de bachilleres que acceden de manera inmediata a programas universitarios, técnicos o tecnológicos aumentó del 37% al 46%, mientras que la matrícula total creció un 12,8%. No obstante, este aumento reciente en el acceso inmediato contrasta con el hecho de que la expansión de la matrícula se concentró principalmente en los primeros años de este periodo.
Una llamada a la acción
La combinación de baja permanencia y escaso aprendizaje plantea un escenario preocupante para el futuro del país. Ninguna nación puede aspirar a la prosperidad o a la paz duradera si sus jóvenes no obtienen las herramientas necesarias para trabajar, innovar y participar en la sociedad. Recuperar el propósito esencial del sistema educativo debe ser, por tanto, la prioridad del próximo gobierno.
Asegurar trayectorias educativas exitosas y aprendizajes significativos para todos los niños, niñas y adolescentes no es una opción: es fundamental para lograr un desarrollo económico y social que no deje a nadie atrás.

