Mundo

“Vampiros” y tortura: el testimonio de un francés que sobrevivió a las cárceles venezolanas

Liberado en noviembre pasado, un ciudadano francés relata los cinco meses de encierro que vivió en Venezuela, una experiencia que, asegura, lo llenó de repulsión, ira y resentimiento, pero que también despertó en él sentimientos de solidaridad, esperanza y compasión hacia el pueblo venezolano.

Camilo Castro, profesor de yoga de 41 años, pasó lo que describe como un verdadero infierno tras ser detenido y acusado de espionaje. Hoy, desde las afueras de París, habla con la AFP de un cautiverio marcado por amenazas constantes, humillaciones y el temor permanente a la tortura por parte de sus custodios, a quienes llama “vampiros”.

“Hay días en los que estoy bien y otros en los que todo se derrumba de repente. Puedo empezar a llorar sin previo aviso”, confiesa. Asegura que logra mantenerse en pie gracias a la meditación, el respaldo de sus seres queridos y el afecto de sus amigos.

Decidió romper el silencio con la esperanza de dar visibilidad a “los cientos de venezolanos que siguen privados de la libertad”.

Mientras tanto, la Corte Penal Internacional mantiene abiertas investigaciones por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de Nicolás Maduro, y la ONU ha denunciado prácticas de detención arbitraria, torturas y desapariciones forzadas en el país. Maduro fue depuesto el 3 de enero tras una intervención militar de Estados Unidos, y su sucesora, Delcy Rodríguez, impulsa una amnistía general bajo presión internacional.

El inicio del encierro

En 2025, Castro residía en Colombia. Para renovar su estatus migratorio, decidió salir del país y volver a ingresar. El 26 de junio, al llegar a la frontera venezolana al amanecer, fue detenido. “Ahí empezó el calvario”, recuerda.

Fue trasladado por hombres encapuchados a Maracaibo, donde pasó la noche en una celda subterránea improvisada en un antiguo estacionamiento. Describe paredes húmedas, baños en condiciones deplorables, cucarachas por doquier y desechos acumulados durante meses.

También recuerda manchas de sangre en los muros y una mesa con objetos que identificó como instrumentos de tortura: botellas, trapos, bolsas plásticas, gas lacrimógeno e insecticidas.

Al día siguiente fue interrogado por un agente de la DGCIM, la contrainteligencia militar. “No creyó nada de mi historia. Me dijo que era un espía, que iba a pasar años preso y que sabía cómo ‘abrirme’”, relata. Durante ese episodio, asegura que le rociaron escopolamina, una sustancia asociada a la sumisión química.

Luego fue trasladado por carretera a Caracas, a la sede central de la DGCIM. Permaneció varios días en un sótano, esposado y con el rostro cubierto. Cinco días después, le permitieron salir brevemente al exterior. “Ver el sol fue uno de los momentos más hermosos de mi vida”, afirma.

Rodeo 1: otro tipo de encierro

Posteriormente fue enviado a la prisión de Rodeo 1, en las afueras de Caracas, donde permanecen numerosos presos políticos y extranjeros. Al llegar, sintió cierto alivio. “Aquí todos estamos igual, todos fuimos secuestrados, nadie te va a hacer daño”, le dijo uno de los internos.

Sin embargo, las condiciones eran extremas: raciones mínimas de comida, enfermedades constantes, ausencia de baños —solo un agujero en el suelo— y acceso restringido al agua. “Siempre había diarrea, infecciones respiratorias y un olor permanente que no desaparecía”, cuenta.

A esto se sumaba un entorno psicológico opresivo: música folklórica a volumen ensordecedor y largas sesiones de propaganda política socialista que se extendían por horas.

Humillaciones y miedo permanente

Las noches eran particularmente temidas. “Nos sacaban esposados y encapuchados, nos gritaban e insultaban”, recuerda. Los interrogatorios, supuestas audiencias judiciales y exámenes médicos se realizaban casi siempre de madrugada.

“Son como vampiros. Nunca te dejan descansar. Te quitan la noción del tiempo, de la libertad, de quién eres”, reflexiona.

Durante simulacros de juicio, un funcionario al que describe de forma despectiva lo acusó de terrorismo y de ser agente de la CIA y la DEA. También fue sometido a pruebas con polígrafo, en las que le repetían las mismas preguntas durante horas.

El miedo constante era ser enviado al cuarto piso, una zona de castigo donde los detenidos eran encadenados, a veces desnudos, sin colchonetas y obligados a dormir en el suelo. Allí, asegura, se practicaban golpizas, asfixias con gases o insecticidas introducidos en bolsas plásticas, todo acompañado de burlas.

Relata también otros métodos de castigo, como la intubación forzada bajo el pretexto de alimentación, con tubos introducidos por la boca, la nariz o incluso el ano, en actos en los que participaban tanto soldados como directivos del penal.

En una ocasión pensó en protestar para exigir los libros que el consulado francés le había ofrecido. Otro preso, con dos décadas tras las rejas, lo disuadió: “Me dijo que en un minuto podían destruir mi cuerpo y en cinco, mi vida. Que los libros podían esperar”.

Hoy, Camilo Castro ha solicitado ser reconocido como víctima en Francia. A pesar de los recuerdos dolorosos, afirma que Venezuela es un país al que quedó profundamente ligado y al que, algún día, espera regresar.

Team Voz Nacional

Entradas recientes

Hombres armados secuestran a Lucy Amparo Guzmán González, aspirante a la Cámara por el Cauca.

Retención de Candidata en Cauca Un nuevo episodio de violencia política ha sacudido al departamento…

10 horas hace

Detienen a un fiscal antidrogas acusado de extorsión en Santa Marta, Magdalena

Captura de Funcionarios por Extorsión en Santa Marta Una reciente denuncia de un comerciante en…

10 horas hace

Disminuye el flujo de clientes en las tiendas de barrio en Colombia, según Servipunto.

Cambio en los Hábitos de Consumo El comportamiento de compra de los colombianos está sufriendo…

10 horas hace

¿A cuánto ascenderá el nuevo salario mínimo?

Incertidumbre ante el salario mínimo en Colombia Millones de empleadores y trabajadores en Colombia enfrentan…

10 horas hace

El gato Larry de Downing Street celebra su quincuagésimo aniversario como el primer felino del Reino Unido.

El gato Larry cumple 15 años en Downing Street El reconocido gato Larry celebra este…

10 horas hace

Un mural de Bad Bunny en el corazón de Barcelona aboga por la paz en reacción a Trump

Nuevo Grafiti en Barcelona: Un Mensaje de Amor y Unidad El artista tinerfeño Alberto León…

10 horas hace