Colombia se adentra en un año electoral bajo la atenta mirada de Estados Unidos, en medio de una relación bilateral marcada por fricciones constantes entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump. Aunque los canales diplomáticos se han mantenido abiertos, los choques públicos —especialmente a través de redes sociales— han deteriorado el diálogo político entre ambos gobiernos.
Desde el inicio del nuevo mandato de Trump, la relación estuvo atravesada por episodios de tensión que comenzaron con el impase por la deportación de ciudadanos colombianos y se profundizaron con decisiones de alto impacto, como la inclusión de Petro en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). A ello se sumaron las diferencias frente a Venezuela y el manejo regional del narcotráfico.
Uno de los ejes del distanciamiento ha sido la ofensiva de la Casa Blanca contra el régimen de Nicolás Maduro, que incluyó ataques a presuntas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, así como versiones sobre una posible incursión militar en territorio colombiano. Estas hipótesis fueron rechazadas tajantemente por Petro, quien las calificó como una amenaza directa a la soberanía nacional. En diciembre, Trump afirmó que Colombia producía cocaína y que quienes la comercializaran hacia Estados Unidos serían “objetivos de ataques”, no solo Venezuela.
Esta semana, Petro volvió a referirse a Trump a través de su cuenta de X, asegurando que desde los organismos de inteligencia estadounidenses le “han hecho creer” al mandatario republicano que él actúa como testaferro de Maduro. Si bien el presidente colombiano ha defendido la continuidad de las relaciones con Caracas, recientemente llamó por primera vez “dictador” al jefe del régimen venezolano, aunque insistió en que no existen pruebas de que esté vinculado al narcotráfico.
Las críticas de Petro a los ataques con misiles en aguas cercanas a Colombia y Venezuela han sido reiteradas. Incluso, el Gobierno colombiano intentó impulsar una declaración conjunta de rechazo durante la cumbre entre la Celac y la Unión Europea, sin lograr el respaldo esperado.
Otro golpe significativo a la relación bilateral fue la inclusión de Petro, su hijo Nicolás Petro, la primera dama Verónica Alcocer y el ministro del Interior, Armando Benedetti, en la llamada lista Clinton, en la que también figura Maduro. Según reveló El Espectador, la decisión —que el Gobierno calificó como politizada— se habría basado en presuntos beneficios otorgados a organizaciones armadas y criminales en el marco de la política de “paz total”. Desde Washington, esta estrategia nunca ha sido bien recibida.
En septiembre, además, Estados Unidos decidió descertificar parcialmente a Colombia en la lucha contra las drogas. Aunque la medida no implicó el retiro de la ayuda militar, sí evidenció un cambio en la evaluación que hace Washington del desempeño del Gobierno colombiano en la reducción de cultivos ilícitos.
La inclusión en la lista Clinton tuvo efectos inmediatos en la Casa de Nariño y en el sistema financiero. Petro ordenó la liberación de sus cuentas, mientras Benedetti reconoció públicamente las dificultades que enfrentó tras el bloqueo de tarjetas y cuentas bancarias, lo que incluso impidió el pago de su salario durante dos meses.
Las tensiones ya habían tenido antecedentes meses atrás, cuando un discurso de Petro en la Asamblea General de la ONU generó molestia en la Casa Blanca. En esa ocasión, el mandatario colombiano participó también en una protesta contra la ofensiva en Gaza y llamó a militares estadounidenses a desobedecer órdenes, lo que derivó en la revocación de su visa. Como consecuencia, varios miembros de su gabinete renunciaron al permiso o lo perdieron por decisión de las autoridades estadounidenses.
Así transcurrió un año que desde sus primeros días anticipaba una relación compleja, marcada por amenazas de alzas arancelarias e incluso por menciones a una posible ruptura diplomática. No obstante, el embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, ha insistido en que la comunicación con las agencias estadounidenses se ha mantenido activa y funcional.
Con el inicio del año electoral en Colombia, la atención de la Casa Blanca estará puesta en las presidenciales. Desde Washington, como ya lo expresó el secretario de Estado, Marco Rubio, se espera un futuro gobierno más dispuesto a fortalecer la cooperación bilateral.
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