Tensión en La Guaira tras los terremotos
Las familias en La Guaira, un estado cercano a Caracas, enfrentan una desgarradora situación luego de los devastadores terremotos del 24 de junio. Hasta ahora, la tragedia ha dejado un saldo de casi 3.000 muertos. En medio del caos, muchos optan por cuidar los cuerpos de sus seres queridos entre los escombros, temerosos de que se pierdan en el desorden de las morgues.
La lucha por recuperar los cuerpos
“Me voy para China, para donde sea, pero no lo dejo solo”, expresa Víctor Colivert, cuyo sobrino fue recuperado tras el desastre. La inquietud por el destino de los cuerpos es palpable, y cientos de voluntarios trabajan arduamente en las ruinas de un complejo de viviendas que se derrumbó, conocido como OPP (Obras del Poder Popular) 26 y 27. Los esfuerzos son intensos: militares mexicanos tratan de extraer el cadáver de Greidy, una joven de 16 años atrapada bajo los escombros.
Caos en las morgues
El temor de las familias se agrava debido a la situación en las morgues locales. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, intentó calmar los ánimos al asegurar que “nadie va a fosa común”, enfatizando que los forenses están tomando huellas dactilares y fotografías de los fallecidos para asegurar su correcta identificación. Sin embargo, los relatos de desconfianza persisten; Miguel Ángel Colivert, tío de Víctor, admite haber perdido la fe en el sistema tras ver cómo se manejaba la situación.
Un trabajo desgastante entre escombros
Voluntarios y familiares de las víctimas trabajan en condiciones difíciles. Celida Sequera, una ama de casa de 43 años, describe la experiencia como “una película de terror”. Cuenta que su amigo perdió a su esposa e hijos cuando un muro colapsó sobre ellos. “Todo quedó devastado”, señala, y añade que finalmente lograron encontrarlos.
Prácticas de duelo y esperanza
Mientras tanto, un sacerdote mexicano, con una Biblia en mano, ofrece oraciones en el lugar donde se encuentran los cadáveres, brindando consuelo a quienes están en duelo. La atmósfera es tensa y cargada de dolor; es común ver a los voluntarios descansar bajo mantas improvisadas, donde el aire pesado lleva el olor a muerte, recordando la tragedia que la comunidad enfrenta.
Contrastes en el lugar de la tragedia
Entre los restos de lo que fue un hogar, se pueden observar objetos cotidianos como colchones y juguetes, marcando la brutal normalidad interrumpida. Una bandera de Venezuela, cubierta de lodo, ondea en el viento caribeño, como símbolo de la devastación sufrida. Los recuerdos permanecen entre los escombros, mientras una mujer, visiblemente afectada, clama entre sollozos: “¡Me duele el alma!”.
Voluntad de seguir adelante
La lucha de las familias continúa a medida que se aferran a la esperanza de recuperar a sus seres queridos y darles un descanso digno. Mientras el trabajo avanza y los cuerpos son recuperados, la resiliencia de la comunidad de La Guaira se pone a prueba, mostrando una profunda conexión y apoyo mutuo en medio de la tragedia.

