La pregunta empieza a ganar terreno en los círculos financieros europeos: ¿quién tomará las riendas del Banco Central Europeo (BCE) cuando concluya el mandato de Christine Lagarde?
Aunque su periodo se extiende hasta octubre del próximo año y la decisión debería adoptarse durante el verano previo, varios gobiernos europeos evalúan adelantar los tiempos. El motivo: evitar que la eventual elección en 2027 de Marine Le Pen o de su aliado Jordan Bardella en Francia influya en la designación del próximo presidente del BCE.
Las elecciones francesas, que arrancan en abril de 2027, podrían alterar el tablero político. La reciente dimisión anticipada del gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, dejó en manos del presidente Emmanuel Macron la escogencia de su sucesor, un antecedente que refuerza la conveniencia de actuar antes del ciclo electoral.
Para Emanuel Moench, profesor de la Frankfurt School of Finance y exintegrante del Deutsche Bundesbank, existen argumentos sólidos para anticipar la decisión. En su opinión, el proceso sería más sencillo con Macron en el Elíseo que con Le Pen o Bardella, quienes han manifestado posturas divergentes sobre el rol que debería desempeñar el BCE.
La eventual necesidad de blindar la institución monetaria frente a posibles tensiones políticas en un país fundador de la Unión Europea añade presión a una de las designaciones más relevantes del bloque.
El contexto internacional tampoco ayuda. En Estados Unidos, la Reserva Federal atraviesa su propio proceso de sucesión, mientras el presidente Donald Trump ha intensificado sus críticas al liderazgo actual. Ese telón de fondo podría empujar a los gobiernos europeos a no postergar una decisión estratégica. Sin embargo, las habituales disputas entre capitales por los grandes cargos comunitarios podrían dificultar un acuerdo rápido.
No existe un calendario rígido para elegir al presidente del BCE. El nombramiento de Lagarde fue parte de un paquete más amplio de designaciones en la Unión Europea, acordado cuatro meses antes de que iniciara su gestión. Algo similar ocurrió con su antecesor, Mario Draghi.
Aunque en público los gobiernos insisten en que aún es prematuro abrir el debate, en los círculos de política monetaria de la eurozona crecen las especulaciones sobre una posible designación conjunta de varias vacantes para agilizar el proceso y evitar que se prolongue hasta el año electoral francés.
Además de la presidencia, en mayo de 2027 concluye el mandato del economista jefe Philip Lane, y a finales de ese mismo año termina el de la integrante del Comité Ejecutivo Isabel Schnabel. La necesidad de audiencias en el Parlamento Europeo y el interés en cerrar el asunto antes de 2027 podrían llevar a una decisión hacia diciembre.
Shahin Vallee, investigador asociado del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores y exasesor de Macron, considera que un acuerdo amplio en torno al relevo de Lane podría convertirse en la oportunidad para cerrar también la sucesión en la presidencia del BCE, si el mandatario francés logra alinear apoyos.
Desde Bruselas, el avance de la formación de extrema derecha Agrupación Nacional genera inquietud, dado que una fuerza euroescéptica nunca ha estado tan cerca de gobernar en un miembro fundador del bloque. Para varios gobiernos, alcanzar un consenso antes de que Le Pen o Bardella puedan incidir en el proceso sería una forma de preservar la estabilidad institucional y reducir eventuales sobresaltos en los mercados franceses.
Entre los nombres que circulan figura el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel. No obstante, el neerlandés Klaas Knot aparece como favorito en encuestas de economistas. También se menciona al director del Banco de Pagos Internacionales, el español Pablo Hernández de Cos.
Aunque adelantar la designación es una posibilidad, los acontecimientos podrían imponer sus propios tiempos, como ocurrió con la salida de Villeroy. Tampoco se descarta que Lagarde deje el cargo antes de lo previsto, como ya hizo en su etapa al frente del Fondo Monetario Internacional.
El año pasado circularon versiones sobre un eventual traslado de Lagarde al Foro Económico Mundial, hipótesis que ella desestimó públicamente. En junio reiteró su intención de cumplir íntegramente su mandato y afirmó que no planea abandonar la institución antes de tiempo.
Para Macron, excluir a Agrupación Nacional de decisiones clave como la designación en el Banco de Francia o el BCE también entraña riesgos políticos. Podría reforzar el discurso populista —similar al utilizado por Trump en Estados Unidos— según el cual el establishment restringe la voluntad democrática.
Aun así, según Vallee, se trata de un riesgo calculado que podría resultar necesario para salvaguardar la estabilidad institucional de la eurozona.
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