La reciente actuación de la selección de Paraguay en el Mundial 2026 ha revivido una controversia sobre la palabra “malicia”, utilizada por comentaristas japoneses para describir el juego. En el partido contra Francia, que terminó en una derrota para Paraguay (1-0), se evidenció un juego agresivo y marrullero, lleno de estrategias cuestionables como codazos furtivos y empujones.
La noción de “malicia” proviene del término portugués “malícia”, que comparte su raíz en el latín malitia, significando maldad o mala fe. Aunque su significado ha evolucionado para incluir astucia y viveza táctica, en Japón, la malicia es vista comúnmente como sinónimo de “juego sucio”. Este concepto, importado a Japón desde Brasil, ha llevado a reflexiones sobre la ética en el deporte.
El locutor de Nippon TV, al analizar el partido, destacó que la malicia es una característica del fútbol sudamericano. Esto provocó reacciones encontradas, especialmente en un país como Japón, donde el cumplimiento de las reglas es un valor fundamental. La práctica de tácticas de alta presión ha llevado al vicepresidente de la Asociación Japonesa del Espíritu Deportivo, Masaki Takahashi, a instar a la protección de los jóvenes de tales formas de juego.
Una semana antes del partido, el especialista español Ichiro Ozawa apuntó cómo las nuevas tecnologías podrían afectar la “malicia” en el fútbol. Sostuvo que la creciente transparencia en el deporte podría eliminar, tanto de manera positiva como negativa, este aspecto del juego. Su afirmación se vio validada en la contienda contra Francia, donde un árbitro con una actitud despreocupada permitió que el juego se tornara en un espectáculo confuso.
En medio de las críticas, el entrenador paraguayo Gustavo Alfaro justificó el comportamiento de su equipo, argumentando que mientras los jugadores franceses buscan el Balón de Oro, sus propias motivaciones son mucho más esenciales, referidas al sustento diario. Este comentario resalta la dureza de la realidad en el fútbol y cómo las prioridades de los diferentes equipos pueden influir en su estilo de juego.
Como periodista colombiano radicado en Japón, es fascinante observar cómo se cruzan las culturas y las percepciones sobre el deporte. La estrecha conexión entre la malicia en el fútbol sudamericano y la visión japonesa representa un dilema en la comprensión del juego. En un mundo donde el fútbol se vuelve cada vez más regulado, las interpretaciones de la ética, tecnología y estética continúan evolucionando.
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