El reciente asesinato del periodista Mateo Pérez Rueda ha conmocionado a Colombia y renovado el debate sobre la seguridad de la prensa en el país. Pérez, de 25 años, fue presuntamente asesinado por miembros del frente 36 de las disidencias de las Farc, lideradas por alias “Calarcá”. Esto ocurrió mientras ejercía su labor como director de El Confidente de Yarumal, un medio que cubría los conflictos armados y el desplazamiento forzado en Antioquia.
La angustia de la familia fue palpable desde que Pérez fue reportado como desaparecido el 5 de mayo en la vereda Palmichal, en Briceño. Esperaron con la esperanza de encontrarlo con vida, pero en un giro devastador, el 8 de mayo, su cuerpo fue recuperado por una comisión humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja y la Defensoría del Pueblo, y posteriormente entregado a Medicina Legal. La pérdida ha dejado a su familia desgarrada, y su historia resalta la valentía de un joven que entendía el periodismo como un acto de compromiso y riesgo.
Mateo era reconocido por su dedicación y valentía; características que su hermano, Julián Pérez Rueda, destacó en una entrevista, mencionando que no temía entrar en áreas peligrosas donde otros evitarían ir. Este valor lo equipara a otros periodistas colombianos que han perdido la vida haciendo su labor, como Luis Carlos Cervantes, asesinado en 2014, conocido por sus investigaciones sobre corrupción y vínculos con grupos armados.
La situación del periodismo en Colombia es alarmante. Según Daniel Chaparro Díaz, subdirector de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), Mateo es el comunicador número 22 asesinado en Antioquia y el número 170 a nivel nacional desde 1977. La organización ha documentado una creciente violencia contra los periodistas, que aumenta el riesgo de ejercer su labor, especialmente en regiones afectadas por el conflicto armado.
El pasado 23 de abril, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un informe crítico que aborda la violencia contra periodistas en Colombia, señalando que el 24% de los medios ha recibido amenazas para suspender coberturas. Este clima de miedo ha llevado a la autocensura entre los comunicadores, quienes evitan publicar información relacionada con economías ilegales y temas de orden público.
El nombre de Mateo Pérez Rueda se une a una larga lista de periodistas que han perdido la vida en busca de la verdad. Su trágico final es un recordatorio de los peligros que enfrentan aquellos comprometidos con informar a la sociedad y destaca la necesidad urgente de proteger a los periodistas en el ejercicio de su trabajo. En la memoria colectiva, su historia no solo representa una pérdida personal, sino una herida abierta en la historia del periodismo colombiano, junto a figuras como Guillermo Cano, Diana Turbay y Jaime Garzón, quienes también sufrieron la violencia de un entorno hostil.
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