La sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas convocada por Colombia, como miembro no permanente, concluyó sin una postura unificada, y en el país surgieron diversas reacciones frente a la división del organismo multilateral.
Dentro del Congreso, las interpretaciones fueron disímiles. El senador Carlos Fernando Motoa (Cambio Radical) consideró que Colombia está “del lado equivocado de la historia” y atribuyó la falta de consenso a intereses políticos y económicos ligados al chavismo. “Si observamos los países que apoyaron a Caracas tras la intervención estadounidense y la captura de Maduro, el primero en reaccionar fue Cuba. Los sucesores de Castro saben que sin el petróleo venezolano sus días están contados. Además, hay actores en Colombia con vínculos históricos con la dictadura venezolana”, señaló Motoa a El Espectador.
Por su parte, el congresista Duvalier Sánchez (Alianza Verde) respaldó la posición de la embajadora colombiana ante la ONU, Leonor Zalabata, y enfatizó que apoyar esa postura no es un gesto diplomático, sino “un acto de responsabilidad con la historia y la vida”. Sánchez advirtió sobre los riesgos de una nueva ola migratoria y el agravamiento de la crisis interna en Venezuela, señalando que la Carta de la ONU y el principio de no intervención deben ser respetados para evitar el uso de la fuerza sin mandato multilateral.
Las diferencias se reflejaron también en el choque de posturas entre Colombia y Argentina. Zalabata condenó la detención de Nicolás Maduro, considerando que esta acción “viola el derecho internacional y la Carta de la ONU”, y advirtió que los ataques podrían generar una presión migratoria significativa en los países receptores. En contraste, el embajador argentino ante la ONU, Francisco Fabián Tropepi, respaldó las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela, calificando a Maduro como “dictador” y líder de organizaciones designadas como terroristas en 2025.
Motoa criticó la postura de la representante colombiana ante la ONU, mientras Sánchez reprochó la fractura generada por el bloque liderado por Argentina, Ecuador y Chile, que “ven con buenos ojos la intervención y olvidan los efectos negativos de la injerencia norteamericana en sus propios países”.
La división regional ya se había manifestado en la sesión extraordinaria de la Celac, realizada de manera virtual el 4 de enero. Allí, Cuba, Venezuela y Nicaragua exigieron la liberación de Maduro, mientras Argentina, Ecuador y El Salvador respaldaron la intervención estadounidense.
A pesar de los intentos de mediación promovidos por los presidentes de Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y México, no fue posible alcanzar un consenso, y estos mandatarios emitieron un comunicado conjunto rechazando las acciones unilaterales de Estados Unidos en territorio venezolano.
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