. BARRANQUILLA (COLOMBIA), 06/06/2025.- El seleccionador de Colombia Néstor Lorenzo (c), acompañado de integrantes del cuerpo técnico forman este viernes, en un partido por las eliminatorias sudamericanas para el Mundial 2026 entre las selecciones de Colombia y Perú en el estadio Metropolitano en Barranquilla (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas Castañeda
Los partidos amistosos que disputará Colombia esta semana, frente a Croacia y Francia, son más que simples trámites: son advertencias sobre lo que se avecina en menos de dos meses para el Mundial. Estos encuentros funcionan como un espejo incómodo que revela las fortalezas y debilidades de la selección nacional.
Croacia ha evolucionado desde ser la sorpresa del mundo a convertirse en un equipo con una base sólida y una experiencia invaluable. Luka Modric, quien sigue desafiando al tiempo con su elegancia, continúa siendo el faro del equipo. A su lado, jugadores como Marcelo Brozovic y Mateo Kovacic aportan control y visión, creando una dinámica de juego que, aunque no es veloz, desgasta al oponente. En torneos cortos, esta estrategia puede resultar letal.
Francia, por otro lado, se presenta como un equipo lleno de potencia y talento. Con figuras como Kylian Mbappé, considerado uno de los mejores del planeta, y otros talentos como Ousmane Dembélé y Eduardo Camavinga, cuentan con suficiente profundidad en sus líneas. Didier Deschamps tiene a su disposición una plantilla tan competitiva que puede realizar cambios significativos sin perder calidad en el campo. Este nivel de competencia interna les otorga una ventaja y los mantiene como favoritos en cualquier competición.
En este contexto, Colombia, bajo la dirección de Néstor Lorenzo, llega con ideas claras. La convocatoria de 26 jugadores no es solo una prueba, sino una declaración de principios. La selección ha construido una base sólida y reconocible, con la intención de no improvisar en esta fase crucial. Las selecciones que suelen tener éxito en mundiales son aquellas que establecen una memoria colectiva y un convencimiento desde etapas anteriores.
Sin embargo, algunas decisiones en la selección resultan curiosas. La ausencia de Yerry Mina es difícil de entender, especialmente considerando su importancia en el ciclo actual y su estado físico óptimo. Su experiencia en torneos grandes parecía garantizar su inclusión en la defensa.
Por otro lado, la exclusión de “Cucho” Hernández, quien ha brillado en Betis y que ofrece un perfil diferente, también genera debate. Su falta en favor de Kevin Castaño, quien actualmente es suplente en River Plate, plantea cuestionamientos sobre la filosofía de selección: priorizar la continuidad sobre el estado actual de forma.
Quizás el enfoque de Lorenzo radica en elegir a los jugadores que mejor se acoplen a su sistema de juego, en lugar de optar por los mejores en el momento. Los partidos contra Croacia y Francia no solo servirán como pruebas ante rivales de élite, sino también como medidores de la identidad y la convicción del equipo. Si Colombia logra competir y mantener su identidad frente a estos estilos contrastantes, se confirmará la dirección del técnico.
A medida que se acerca el Mundial, lo que está en juego va más allá de los nombres en la lista; se trata de construir una certeza, y por primera vez en mucho tiempo, Colombia parece estar en camino hacia una.
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